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SANTO TOMAS MORO Y EL VALOR DE LA CONCIENCIA

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El día 31 de Octubre del 2000, san Juan Pablo II proclamó a Santo Tomas Moro patrono de los políticos y gobernantes.

“…Por tanto, después de una madura consideración, acogiendo complacido las peticiones recibidas, constituyo y declaro Patrono de los Gobernantes y de los Políticos a Santo Tomás Moro…” nos decía el Papa en su motu proprio.

¿Y qué significa tener un santo patrono de una actividad determinada, en este caso de la actividad política y de la acción gobernar?

Poco valor daríamos a su martirio si solo queremos tomar de Tomás Moro un ejemplo de funcionario público. Seguramente fue un excelente funcionario, por eso el rey Enrique VIII lo distinguió en 1529, a los 27 años, con el cargo de Canciller del Reino. Era el primer laico en llegar a ese puesto.

Dice san Juan Pablo II: “De la vida y del martirio de santo Tomás Moro brota un mensaje que a través de los siglos habla a los hombres de todos los tiempos de la inalienable dignidad de la conciencia, la cual, como recuerda el Concilio Vaticano II, es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella”.

Su pasión por la verdad lo llevó a la muerte, pues el hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. La luz de Tomás Moro brilla particularmente en la defensa de los derechos de la conciencia.

“La historia de santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En efecto, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas injerencias del Estado es, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político.” (San J P II)

Y esto es muy importante, en una época en que a veces los gobiernos intentan apropiarse de la conciencia de los funcionarios y ciudadanos.

Por eso, como patrono de los gobernantes y políticos, la figura de Tomas Moro emerge como un defensor de la conciencia iluminada por Dios, hasta llegar a la muerte. Los políticos, gobernantes, funcionarios, y todos los que nos decimos laicos católicos, debemos buscar su ejemplo en la defensa de la recta conciencia, y su amor por la iglesia, motivos por los que marchó al martirio.

“A primera hora de la mañana del 6 de julio de 1535, comunicaron al «buen siervo del rey, pero de Dios primero» que moriría ese mismo día. Sesgaron su vida de un solo tajo a sus cincuenta y siete años. Sus restos mortales descansan con los de muchos otros mártires en la iglesia de Saint Peter in Chains, dentro del recinto de la Torre de Londres. Su cabeza se expuso públicamente en Tower Bridge hasta que su hija Meg la recuperó y la puso en la cripta que los Roper tenían en la iglesia de Saint Dunstan, fuera de la muralla”.

Fragmento del libro de P. Connor, Charles. Defensores de la fe: En palabra y obra (Spanish Edition) (p. 100). HomoLegens.

Carlos Burgo – Junio de 2021