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UNA MUJER Y UNA NIÑA: ANUNCIAN LA VIDA QUE TRAE JESÚS

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LECTURAS DE HOY: 27/6/21

(Sab 1,13-15; 2,23-25; Sal 29; 2Cor 8,7-9.13-15; Mc 5,21-43)

El evangelio de hoy nos presenta la curación de una mujer y la resurrección de una niña gracias a Jesús. Intentaremos hacer una comparación reflexiva entre los dos casos: el primero, Jairo aboga por su hija enferma; el otro, la misma mujer persigue su salud. En ambas situaciones se rompen con normas antiguas: Jairo, jefe de sinagoga, deja de lado su costumbre religiosa; y la mujer actúa en silencio, para evitar ser lastimada por los testigos, pues se consideraba su realidad “estado de impureza”. Meditemos: la letra “N” representa a la niña. La letra “M”, a la mujer.

N = Aparece sin nombre. Enferma. En cama. Tenía 12 años de edad.
M = Aparece sin nombre. Tenía 12 doce años padeciendo de un flujo de sangre.

N = No tiene condiciones para buscar su salud. El padre intercede por ella ante Jesús.
M = Había oído hablar de Jesús y se dispone a buscarlo.

N = la niña ya había muerto, para Jesús estaba dormida.
M = la mujer, en pobreza, agonizaba.

N = en torno a la niña muchos lloros y lamentos.
M = en torno a la mujer: empeoramiento silencioso.

N = Jesús entra donde estaba la niña.
M = la mujer se acerca a donde estaba Jesús.

N = Jesús cogió de la mano a la niña.
M = La mujer tocó el manto de Jesús.

N = Jesús le dice: “contigo hablo, niña, levántate”.
M = Jesús nota que una fuerza sale de Él.

N = la niña se puso en pie y echó a andar.
M = a la mujer se le secó la fuente de sus hemorragias.

N = para el milagro de la niña Jesús sólo exige, de los padres, la fe.
M = Jesús realza la fe de la mujer: “tu fe te la curado”.

N = en la niña el milagro acontece entre sus más cercanos, pues tienen fe.
M = en la mujer el milagro acontece siendo ella y Jesús testigos.

N = Jesús se despide de la niña pidiendo que le den de comer.
M = Jesús despide a la mujer dejándole con paz y salud.

En suma, desde la primera lectura del libro de la Sabiduría se insiste en que Dios ha creado todo para que haya vida en abundancia. Pablo, en la segunda lectura, indica asuntos prácticos, de justicia y equidad para una sana convivencia entre los hermanos.

En el evangelio, se deja claro que la tradición de las 12 tribus de Israel, con la llegada de Jesús, adquiere la plenitud de vida. La sociedad de hoy nos presenta situaciones donde muchas personas parecen estar muertas, a otras se le va la vida, se les desperdicia, como a la hemorroísa; sin embargo, en todas las realidades humanas está Jesús, dejándose tocar su manto, su persona, su proyecto, también acercándose y dando la mano.

A todos cuanto están postrados dice: “Levántate”. Jesús nos quiere en paz y en salud. Sólo así tendremos condiciones de luchar por su Reino.

Con el salmista decimos: “Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa”.