Dom. Sep 19th, 2021

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SER TRIGO EN MEDIO DE LA CIZAÑA

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EVANGELIO DEL DIA

EVANGELIO DE HOY: 24/7/21 (Mt 13,24-30).

El evangelio de hoy prosigue con la parábola del trigo y la cizaña. Jesús recurre a elementos esenciales, conocidos en su cultura, para dar a conocer los misterios más profundos del Reino de Dios. Aprovechemos sus orientaciones para meditar. El Reino, dice Jesús, es semejante a:

UN HOMBRE QUE SEMBRÓ BUENA SEMILLA EN SU CAMPO

El sembrador tiene la iniciativa, siembra buena semilla en su campo. Semilla y campo le pertenecen. Lo hace con una esperanza, segar lo que espera que crezca. De las manos de Dios sólo pueden salir cosas buenas. Tenemos aquí el vivo reflejo de pureza de intención. Su proyecto está pensado para la vida sana y abundante. Es celoso de su campo, lo quiere y lo valora.

También nuestra vida es terreno de Dios, le pertenece. En nosotros ha sembrado dones, valores y principios, enseñanzas y costumbres mediante su Santo Espíritu y la colaboración de nuestros padres, abuelos, profesores, amigos, etc. No crecemos solos. Así como en el campo de la parábola hay varios siervos en función del amo, así nuestra vida está llena de nombres que buscan custodiar lo bueno que Dios ha sembrado. Fuimos soñados para ser santos. Él ha depositado la semilla de la gracia para que alcancemos tal perfección, a su imagen y semejanza. Si somos santos, la sociedad será santa.

PERO MIENTRAS SU GENTE DORMÍA…

Esta consideración alusiva al “dormir de la gente” nos recuerda la insistencia de Jesús para estar despiertos y vigilantes. El enemigo aprovechó el sueño profundo para comportarse como suele hacerlo, sagazmente, con astucia… él sí que estaba al acecho, custodiando para su propósito: dañar el bien que el Señor ha querido, estropear su cosecha, frenar su Reino. Se porta como un envidioso. Su envidia le hace ejecutar acciones que lleven al fracaso. Si Dios pone semilla buena, su enemigo coloca semilla mala, pero no de manera ingenua, para evitar ser descubierto. Juega sucio. Entra a terreno ajeno.

Es un invasor sinvergüenza cuya actuación remite a la oscuridad. Procede con malicia, y se marcha. En nuestras vidas, estamos llamados a la vigilancia serena para que no lleguen invasores extraños con malas hierbas. Y si logran filtrarse, teniendo que convivir juntos, tener la suficiente sabiduría para distinguirlo, para que su fuerza no condicione nuestros frutos. Dios no desconoce el esfuerzo de sus hijos e hijas en la lucha por su Reino.

DEJEN QUE AMBOS CREZCAN JUNTOS (TRIGO Y CIZAÑA)

Cuando están pequeños, el trigo y la cizaña (grano falso, mala hierba), son muy parecidos. Se confunden. Apenas los siervos se enteran de esta maleza en el terreno, hablan con el amo. Su sabiduría se expresa: “dejen que crezcan juntos”. Esto recuerda la paciencia misericordiosa de Dios para con sus propios contrarios. No arrancar de una vez remite a la posibilidad de cambio, de conversión. Hasta en los corazones más cerrados de los fariseos hay posibilidad de transformación.

El Señor es paciente. Sabe que lo malo del campo no lo ha producido el propio terreno, sino que asegura “algún enemigo ha hecho esto”. Es importante no abusar de la paciencia de Dios. Más vale vivir con la actitud de deshierbar cotidianamente el propio terreno, porque al final, llegará la siega y por los frutos se conocerán.

Señor: enséñanos a orar. La oración es espacio privilegiado para estar vigilantes, custodiando la semilla buena que colocas, con esperanza, en nuestro terreno; un terreno que, además, te pertenece. Queremos que poco a poco vayamos sacando cizaña dentro de nosotros mismos en un sincero examen de conciencia, que ha de terminar en el confesionario. Y también queremos tener paciencia con las numerosas cizañas que nos circundan. Porque no somos jueces de los demás. Si tú, quien eres el dueño, tienes calma, qué nos queda a nosotros, simples servidores de tu Reino.

  • ¿Cuándo soy trigo para el Reino?
  • ¿Cómo evitar ser cizaña que retrasa el Reino?
  • ¿Qué semillas del Reino voy sembrando?
  • ¿Cómo estoy vigilando la siembra de Dios?