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EL TESORO DEL REINO Y LAS PERLAS DE DIOS

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EVANGELIO DEL DÍA

EVANGELIO DE HOY: 28/7/21 (Mt 13,44-46).

El evangelio de hoy nos sigue hablando en parábolas sobre el Reino de los cielos. Hoy nos presenta la comparación de éste con “un tesoro escondido”, y “un comerciante de perlas finas”. En las dos imágenes se distinguen el empleo de los verbos: encontrar, vender, comprar. Si en la primera imagen alguien encontró sin buscar; en la segunda, se encontró buscando. Meditemos:

UN TESORO ESCONDIDO EN EL CAMPO

  • El Reino está ahí, como tesoro, en el campo de la vida.
  • El tesoro alguien lo ha colocado.
  • Dios lo ha dispuesto. Él tiene la iniciativa.
  • Jesús es el tesoro.
  • Muchas personas pasan por el mismo campo, sin verlo.
  • Dichoso quien camina con los ojos y el corazón abiertos:
  • Dejándose sorprender por Dios, entendiendo su manera.
  • Resolviendo, discretamente, asegurar lo encontrado.
  • “Todo lo considera pérdida con tal de ganar a Cristo”.
  • La alegría se torna fuerza, confianza; se está en la decisión cierta.
  • Sólo una alternativa es posible: vender para comprar.
  • Desocuparse para adquirir.
  • Se está dispuesto a pagar cualquier precio.
  • Sin regatear, lo compra. Se queda con Jesús.

UN COMERCIANTE DE PERLAS FINAS

  • ¿Y si meditamos en Dios como ese comerciante?
  • El Reino también es:
  • El abrazo entre quien “encuentra” y quien “busca”.
  • Dios anda buscando lo suyo.
  • Para Él somos perlas finas, de gran valor.
  • Hemos acaparado la atención, el corazón de Dios.
  • Él tampoco regatea nada para conquistarnos.
  • Da todo lo que tiene: su propio Hijo. En Él nos busca.
  • En ambos casos: el del tesoro y el del comerciante, se vive la experiencia de encontrar, vender, comprar.
  • No sólo el ser humano paga el precio, Dios también lo hace primero.
  • Benditos sacrificios para que el Reino sea posible.
  • Un sacrificio bañado por la alegría del encuentro.
  • Sin encuentro no hay Reino válido.
  • Sin Dios que busca, sin la persona que encuentra, el Reino es imposible.

Señor: te pedimos hoy, en tu infinita misericordia, que nos abras las pupilas de la fe para no embelesarnos con falsos tesoros ni fantasías deslumbrantes que nos distraen de ti. Danos la gracia de caminar despiertos, para descubrirte aconteciendo en todas las cosas. Queremos ser como María, que en lo cotidiano de su vida, pudo conversar con el ángel cuando entró en su presencia. También te damos las gracias, Señor, porque nos tienes como perlas preciosas. Nos das un valor que no merecemos en nuestra pobreza. ¿Quiénes somos para hacerte “vender” todo lo que tienes? Gracias por desprenderte de tu propio Hijo, por pagar tan alto precio. Que seamos generosos contigo, que te hagamos feliz con nuestro encuentro.

  • ¿Qué le estoy regateando a Dios?
  • ¿Dónde está mi tesoro?
  • ¿Qué significa ser perla de Dios?