Mié. Dic 8th, 2021

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EL SEÑOR NOS ENDEREZA PARA ALABARLE Y SERVIR A LOS DEMÁS

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EVANGELIO DE HOY: 25/10/21 (Lc 13,10-17)

Lucas nos presenta a Jesús quien, mientras enseñaba un día sábado, vio y se compadeció de una mujer encorvada; la llamó, le impuso las manos, y quedó sana. El hecho se convirtió en objeto de crítica y escándalo para el jefe de la sinagoga donde estaban presentes. Meditemos sobre las iluminaciones que el Espíritu nos permite contemplar para madurar en nuestra fe.

ANDABA ENCORVADA SIN PODERSE ENDEREZAR

En esa mujer del relato estaba todo el Pueblo de Dios, el mismo que había hecho alianza con Él; pero que, con el pasar del tiempo, ese pacto de amor se había convertido en una carga pesada, promovida especialmente por los líderes religiosos de la época. En ella también estamos todos nosotros cuando, sin darnos cuenta, vamos cambiando el sentido del por qué hacemos las cosas; caemos en la rutina, el desencanto, y nos perdemos en numerosas reglas, normas y protocolos que ahogan la frescura del evangelio y el enamoramiento del Señor. Es duro andar encorvado sin tomar conciencia de estarlo. Peor es cuando se sabe, pero no hay fuerzas suficientes para enderezarse.

EL SEÑOR DESATA Y ENDEREZA

Es dificultoso el aprendizaje y la madurez espiritual cuando uno está doblado, atado, incómodo, pesado. Es ahí donde interviene Jesús desde su mirada contemplativa. Él estaba enseñando, pero fue capaz de interrumpir dicha enseñanza para liberarla, ponerla derecha. Una vez enderezada ella pudo adorar, contemplar, bendecir, entablar un diálogo con Dios; fuente de su salvación. El Señor asumió las consecuencias de su proceso de liberación. Con valentía se hizo responsable de los escándalos producidos por su manera de obrar. La desató de todos los nudos hechos por el demonio para mantenerla atada; la restableció, porque las cosas de Dios siempre provocan consuelo y revisten de dignidad.

Señor: aquí estamos ante ti con todas nuestras ataduras; unos tenemos más que otros, pero al fin de cuenta son ataduras que debilitan nuestra unión contigo. Desátanos Señor. Quizás ni somos capaces de identificar los lazos que el demonio nos ha tendido, porque su astucia no es improvisada; pero tú sabes las cosas que la encorvadura espiritual nos impide contemplar. Míranos con ternura e impón tus santas manos sobre nosotros. Sigue asumiendo responsablemente el escándalo de tu compasión.

  1. En este momento de mi vida ¿me siento encorvado o enderezado?
  2. ¿Cuáles ataduras amenazan mi libertad para alabar al Señor y servir a los hermanos?
  3. ¿He experimentado al Señor decirme: “quedas libre de tu enfermedad”?