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“QUE VEA OTRA VEZ”

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EVANGELIO DE HOY: 15/11/21 (Lc 18,35-43).

Se nos presenta el pasaje de un ciego quien, al encuentro con Jesús, nuevamente recobra la vista. Los detalles de la narrativa nos abren horizonte de cómo nosotros también podemos volver a recuperarla en caso la hayamos perdido o tengamos factores que la amenacen. Meditemos:

SENTADO AL BORDE DEL CAMINO

“Un ciego sentado al borde del camino”; esta es la imagen de la persona cuando Jesús no ha pasado por su vida. Es una escena estática, sin dinamismo ni creatividad. Muchas personas le han dado limosna, pero no lo que realmente necesita. El ciego se sienta donde puede ser visto, aunque él mismo no vea. Con todo, tiene mucho que enseñarnos. Le falta visión, pero su oído se mantiene intacto. Es su recurso. Si pide limosna es porque quienes pasan sólo esto pueden darle. El ciego no es ingenuo. Está sentado, pero despierto. Espera la oportunidad; la que él mismo descubre, por haber permanecido atento, sin distracciones. Todo indica que ahí sentado había escuchado hablar de Jesús. Su fe, desde el borde del camino, se había gestado.

PASA JESÚS NAZARENO

Es Jesús quien pasa junto al borde, donde él está. Se acerca a su orilla y escucha sus gritos. Además de su oído, saca provecho de su voz. Muestra templanza al no sucumbir ante aquellos que le regañan para que silencie. Sencillamente, aprovecha la oportunidad, porque Jesús está pasando por allí. ¡Basta de limosna!, ahora el ciego pide compasión. La compasión inicia cuando Jesús escucha y se detiene, cuando pide que se lo traigan. Uno quisiera meterse en ese momento, cuando el ciego siente las manos que lo tocan para conducirlo a Jesús, quien lo espera.

Jesús pregunta al ciego: “¿qué quieres que haga por ti?”. Pudiera parecer obvio, pero no. Importa para Jesús que él, adulto, le ponga nombre a sus necesidades. El ciego le responde, con respeto: “Señor, que vea otra vez”. En la vida de fe, en ocasiones, nos hemos enfriado de tal manera, que vemos, y es como si no viésemos nada. La contemplación se empobrece, el fervor se apaga, la ilusión se desvanece. Es en este sentido cuando, la persona sabia, junto con el ciego, se dirige a Jesús para decirle: “Señor, que vea otra vez”.

RECOBRA LA VISTA

Hay un antes y un después del paso de Jesús por nuestras vidas. Es lo que sucedió en el relato. Jesús le dice: “Recobra la vista, tu fe te ha curado”. La fe le sacó del borde del camino y lo introdujo en la hondura del seguimiento. Cuando vuelve a ver, no emplea su voz para mendigar, sino para glorificar a Dios; con cuyo testimonio hace que los demás también lo alaben y lo reconozcan.

Señor: que la rutina cotidiana no se conviertan en escamas para nuestras pupilas. Queremos ver e interpretar los acontecimientos con ojos de fe. Sabes que algunas veces nos ha tocado sentarnos al borde del camino. Pasa por nuestra orilla, Señor, incluso si no te llamamos por alguna distracción. Espabila tú nuestros sentidos. Despiértanos y compadécete de nosotros.

Ayúdanos a aprovechar el tiempo para pedirte lo más valioso, el don de la fe. Si en caso no podemos ir hasta ti por nuestra cuenta, que encontremos almas solidarias que nos encaminen. Pregúntanos algo, Señor, sácanos nombrar nuestras necesidades delante de ti, sin tener avergüenza. Queremos escucharte decir: “tu fe te ha curado”; y que escuches de nosotros alabanzas y glorificaciones dirigidas a Dios Padre.

  1. ¿Estoy sentado en el borde del camino o estoy siguiendo a Jesús?
  2. ¿Jesús está pasando por mi vida o ya ha pasado?
  3. ¿Le pido recuperar la visión o ya me la ha restaurado?
  4. ¿Colaboro para llevar a otras personas a Jesús, y que le devuelva la vista?