Sáb. Ago 13th, 2022

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EN TORNO AL CARDENAL BERAS (II)

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CERTIFICO Y DOY FE

INTRODUCCIÓN

He aquí, pues, episodios de la vida del Cardenal Beras, vividas por mí, que forman parte de Mis Memorias. Como les decía, algunos están cargados de buen humor.

  1. SEMINARISTA MENOR O ESTUDIANTE DE BACHILLERATO

Siendo aún seminarista menor, es decir, estudiante de bachillerato de 15 o 17 años, ya el Arzobispo Beras me conocía por mi nombre, se acercaba a mí, un muchacho, me hablaba y valoraba mis producciones literarias, que presentábamos en las Academias o Actos Públicos, a las cuales él asistía.

Debo reconocer que esa valoración de mis trabajos literarios, también me servía de estímulo, hasta el día de hoy. Así que, de adolescente ya, apreciaba su cercanía.

  • DEFENSA DE LOS SEMINARISTAS

El Seminario Santo Tomás de Aquino, con sus seminaristas, era un bastión antitrujillista. Debo confesar que soy antitrujillista desde los catorce años. Las dictaduras, la inseguridad social, los miedos, me saben al régimen de Trujillo.

Los seminaristas éramos perseguidos por ese régimen, el cual nos ponía “caliés”, espías, que nos vigilaban día y noche. Conocimos “caliés”, que venían de fuera y, al menos, un seminarista, que lo era desde dentro.

Nos enteramos, todavía no sé cómo, que ese seminarista escribió una carta a Trujillo, denunciando a un grupo de seminaristas, entre los que estaba, el más tarde padre Vinicio Disla y otros muchos más, cuyos nombres no recuerdo.

Hicimos un plan un grupo de seminaristas, entre los que estaba yo, encabezados por Pinzón, seminarista panameño: mientras un grupo entretenía al seminarista “calié”, que había escrito la carta, en el patio, en el recreo del mediodía, un grupo, creo que éramos tres, entramos en su habitación, tomamos la carta, se la llevamos al Rector, el cual sacó una copia y se la entregó al Arzobispo Beras, más tarde. Devolvimos el original al cuarto de donde la habíamos tomado. Nadie se dio cuenta de esa hazaña.

Supimos que monseñor Beras le llevó la copia a Trujillo y le dijo: “Jefe, usted va a recibir esta carta. Todo lo que dice ahí es falso. Es mentira”. Así se salvaron los seminaristas. Ese seminarista “calié”, lo recuerdo aún bajando las escaleras del segundo piso, fue despedido, justo el día 22 de diciembre, antes de salir a vacaciones el 23 de diciembre.

Debo dejar constancia de que el único seminarista que fue llevado a la cárcel por Trujillo y asesinado en la Cuarenta fue Ramón Peña (Papilín), de La Romana, muchos años después. Sobre él se han hecho ya muchos escritos y trabajos y se seguirán haciendo.

  • LA PROMESA DEL SOLIDEO

Ya de sacerdote, desde joven, lo visitaba con frecuencias, con toda confianza. Cuando tenía su oficina en el mismo Seminario, mientras remozaban el Arzobispado. Ya yo era sacerdote; y después lo visitaba en la misma sede del Arzobispado actual.

Fue en una de esas visitas, cuando la Sede del Arzobispado estuvo transitoriamente en el Seminario Mayor, actual PUCMM, que me dijo: -“Cuando seas Obispo, yo te regalaré el primer solideo”. Para mí fue una sorpresa esa frase. También fue el primero en anunciarme esa tarea de Obispo.

Debo recordar que años más tarde, debió ser en 1977 o 1978, en la sacristía de la Basílica, antes de él subir al altar para la Misa, me colocó su solideo sobre la cabeza y sonrió sin decir nada.

Cuando me nombraron Obispo, el 2 de diciembre de 1989, lo fui a visitar enseguida. Por supuesto que le pedí el solideo prometido. Le dijo, entonces, a Gaspar, su asistente, que me fuera a buscar uno. Gaspar regresó y le dijo que ya no tenía color morado, de Obispo. Le dijo entonces que me diera uno rojo, de Cardenal. No tenía más remedio que aceptarlo; y lo regalé 32 años más tarde a Anthony García, quien me asiste en muchas cosas, para una Colección de Solideos, que está preparando.

  • DE SEMINARISTA TAMBIÉN

Los seminaristas éramos los ayudantes o monaguillos de todas las principales y grandes celebraciones, en la Catedral de Santo Domingo, junto al Arzobispo Beras.

En la celebración de la Semana Santa, hacia los años de 1955, el locutor de la célebre “Voz Dominicana”, que entonces llevaba las celebraciones de Semana Santa al todo el país, dijo en el momento en que el celebrante Beras Rojas hacía el lavabo ritual de sus manos después del ofertorio: -“Ahora monseñor Beras, cual otro Poncio Pilato, se vuelve a la derecha del altar y se lava las manos”.

  • MOYA PONS

Al historiador Frank Moya Pons agradezco esta frase, que nos dijo en conversación con otros, después de un acto público intelectual:

“La Iglesia siempre ha sido pobre. Incluso en tiempos de Trujillo recibió muchas obras, que aún están ahí, prestando servicios. En esa época, ni el Arzobispo Beras ni ningún Obispo recibió un peso para su beneficio personal. Todo fue para obra, no de ellos”.

Lo sabía esto por monseñor Juan Félix Pepén y por el testimonio de vida del Arzobispo Octavio Antonio Beras: consta incluso que los bienes personales, recibidos de su familia, los invertía en bien del Seminario y otras obras. Pero me confirmó y me alegró ese testimonio del historiador, de Moya Pons.

  • EL NIDO

El Arzobispo visitó varias veces todo el país en visita pastoral, como pide la Iglesia a los Obispos, a lomo de mulo o caballo. Recuerden que en esta primera época no había carreteras y poquísimos carros.

En una de sus visitas a Higüey fue a lomo de caballo a Duyey, con el padre Luis Gómez. Aún yo no era seminarista. Fue, pues, antes de 1954. El Arzobispo Beras Rojas era muy gordo y de buen tamaño.

Para dormir, el sacristán le preparó, el suelo, digamos así, un “corralito”, cerrado con palos, con hojas de plátano como colchoneta, de buen tamaño, con una sábana, cubriendo las hojas.

El padre Gómez le dijo: -“¿Y cómo tú preparas ese lugar para el Arzobispo?

El sacristán le contestó:

-“Déjelo así, padre. Según es el pájaro es el nido”.

  • LA DECISIÓN DEL ARZOBISPO BERAS

La administración del Santuario de Higüey, ya desde el siglo XVI, la llevaban laicos. En esa larga historia se encuentra la figura del quinto abuelo de Simón Bolívar (hacia 1560), que se llamó, precisamente, Simón Bolívar. A ese ministerio u oficio se le llama allí “Mayordomo del Santuario”. Fue el que dirigió la construcción del antiguo Santuario de Higüey.

Cuatrocientos años después, había desórdenes en esa administración. El Arzobispo Beras, que utilizaba las limosnas de los peregrinos para sostener el Seminario, envió al padre Luis Gómez, con la misión expresa de “meter a Higüey en cintura”. Así lo hizo. La memoria de la gente recuerda esta anécdota de la época: había un grupo de señoras que se habían apoderado de unos bancos de la Iglesia, donde sólo se sentaban ellas. Cierto día lo estaban haciendo. El padre Gómez estaba en el altar y no podía bajar. Entonces dice a un laico: -“Vaya y dígale a esas señoras que esos bancos son de todos. No de ellas solas. Dígalo con autoridad”.

El laico empezó a decírselo con autoridad. Ellas repicaron molestas. El laico se asustó y les dijo: -“Dice el padre, dice el padre”.

El padre Gómez cumplió la misión expresa, que le confió el Arzobispo. Dejó en Higüey un gran testimonio.

CERTIFICO que los episodios recogidos aquí de la vida del Arzobispo Cardenal Octavio Antonio Beras Rojas, hacen parte fundamental de Mis Memorias en torno a él.

DOY FE en Santiago de los Caballeros, al primer (1) día del mes de diciembre del año del Señor 2021.

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