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CONOZCAMOS LA DESCENDENCIA HUMANA DE JESÚS Y DEMOS GRACIAS POR NUESTRA FAMILIA

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EVANGELIO DE HOY: 17/12/21 (Mt 1,1-17).

En estos próximos días previos a la Navidad, se nos presenta el primer capítulo del evangelio de Mateo que presenta la genealogía de Jesús. Hay un interés de que tengamos conciencia del origen humano de nuestro Señor. Él se encarnó en nuestra historia y para esto, no se escogieron personas con “estrictos criterios” como quien busca figuras de pulcra reputación. Dios escogió un linaje con todas las consecuencias. Meditemos:

En un amplio listado de hombres, algunos con serios problemas morales como el caso de Abrahán, quien negó a su esposa Sara para salvar su vida; David, quien mandó a matar a Urías para quedarse con su esposa… también se nos hace referencia a cuatro mujeres: Tamar (cananea, con un caso de incesto con su suegro Judá); Rahab (también cananea, tenida en el pueblo como prostituta); Rut (Moabita); la mujer de Urías, el hitita (llamada Betsabé, con quien se cometió el adulterio señalado). Ah, también aparece la quinta mujer: María, donde se detuvo el pecado. ¿Qué nos dice a nosotros esta realidad?

Jesús no se avergüenza ni oculta las páginas tristes de su familia. Todo lo contrario. Llama la atención esta santa memoria, tan coherente con las páginas del evangelio, donde le vemos relacionándose con pecadores… y realzando los valores de los extranjeros… los que sirven de modelo para el pueblo judío. ¡En la familia de Jesús entramos todos!

La encarnación del Hijo de Dios en la historia humana nos dice que la familia es sagrada. No se corrige la historia donde el Señor, en su divina providencia, nos permitió nacer. Su misericordia es santa y creativa. Dios construye de la nada, y de aquello que pareciera ser vergüenza lo transforma en canal de bendición. En este país donde muchos somos hermanos de diferentes padres, y pudiéramos tener, en casa, diferentes colores; aquí, donde quizás ha nacido uno fuera del matrimonio, donde hemos tenido algún pariente preso, a alguien caído en vicio, donde posiblemente hemos sufrido el dolor de ver el apellido manchado, el Señor nos dice hoy: “¡no tengan vergüenza de su familia!”. Jesús, María y José han detenido la trayectoria de infidelidades, y con el paso de ellos en nuestra historia nos dicen que sí es posible renacer, como familia, en la santidad de vida a la que el Señor nos llama.

Señor, hoy nos ponemos en el corazón de María y José, y desde allí exclamamos con los labios: gracias por ser el Dios de la vida, y haberte encarnado. La historia es santidad y salvación. Gracias por haber elegido lo pequeño, y a los más pequeños, para modelarlo según tus designios. Y gracias por seguir sorprendiéndonos con novedades santas en nuestra persona, en nuestra familia, en la Iglesia y en la sociedad.

  1. ¿Estoy agradecido por pertenecer a mi familia con toda su historia?
  2. ¿Algunos pecados familiares me han hundido o me han elevado a pedir misericordia y perdón, volviéndome compasivo?
  3. ¿Conservo la tradición valiosa de mi familia y a la vez me dejo sorprender por las novedades de Dios?