Sáb. Ago 13th, 2022

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Del Kempis a Gibrán

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Tomás de Kempis sacerdote alemán escribió La imitación de Cristo (1472) pequeña obra que más ediciones ha tenido, después de la Biblia; y Kalil Gibrán poeta nacido en Bsharri-Líbano (1883) tiene una obra extensa que forjó bajo el pensamiento que lo material y lo espiritual no se oponen, pero que el espíritu está en toda la vida y en todo.

En esta ocasión hago un cotejo sobre la visión que tenían ambos autores respecto a la humildad.

En el Kempis encontramos que el “soberbio y el avariento jamás sosiegan; no así, el pobre y humilde de espíritu que vive en mucha paz”. Gibrán lo explica con una sencilla parábola en El vagabundo: “Dijo un hombre a otro: -Con la marea alta, hace mucho tiempo, escribí con mi cayado, unas líneas en la arena.

Y la gente aún se detiene para leerlas y cuida mucho de que no se borren. Y el otro hombre dijo: -Yo también escribí unas líneas en la arena, pero lo hice durante la marea baja. Y las olas del inmenso mar las borraron y breve fue su vida. Pero dime; ¿qué fue lo que tú escribiste? Y el primer hombre respondió: -Escribí Soy lo que soy. ¿Y tú, qué escribiste? Y el otro hombre dijo: -Escribí esto: Soy sólo una gota de este mar inmenso”.

En verdad, la vida es una dilatada lección de humildad, que será perfecta solo cuando se entienda que esa luz viene de lo Alto y no de uno; y de que, como advertía san Agustín, jamás simularla porque se convierte en soberbia.

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