Sáb. Ene 22nd, 2022

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ESTRATEGIAS PARA SUPERAR LAS PARÁLISIS ESPIRITUALES

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EVANGELIO DE HOY: 14/1/22 (Mc 2,-12).

El evangelio nos trae el relato de la curación de un paralítico llevado en camilla hasta los pies de Jesús. La llegada hasta Jesús no fue fácil, y supuso, a causa del gentío, abrir un boquete en el techo de la casa. El pasaje nos permite releerlo a fin de buscar estrategias para vencer las parálisis espirituales que pudieran llegar o que están presentes en nuestras vidas:

¿Qué sería una parálisis espiritual? Pudiera compararse a un estado donde la fe está estática, frisada, sin avanzar, sin movimiento… Domina la aridez, la soledad vacía, el desánimo y la tibieza… En esta parálisis todo se relativiza y se opta por lo superficial. Es fácil caer en incoherencias y contradicciones porque el temor del Señor está enyesado. Un reflejo de ésta es un rostro sin esperanza. ¿Quién quiere eso para sí? Nadie. Es entonces donde comienza la enseñanza de hoy. El paralítico del texto nos dice:

-“¡Déjense conducir hasta el Señor!”. Él mismo no pudo moverse. Estaba pesado y difícil de conducir. Fueron cuatro personas que se esforzaron para llevarlo. Descubrieron dónde estaba Jesús y aprovecharon el tiempo. No buscaron para ellos mismos, sino que sirvieron como intercesores por el amigo. Los cuatro tenían fuerza física para cargarlo, pero no la autoridad para devolverle la salud. Ellos sabían no poseer tal gracia. Por eso avanzaron hasta el Señor, venciendo los obstáculos de manera creativa y convincente.

Esos cuatro intercesores también nos enseñan las actitudes que hemos de tener con las personas que espiritualmente están paralizadas. Hay que asumirlas, cargarlas, direccionarlas, hacerse responsable y no descansar hasta haber abierto todos los “boquetes” necesarios para que se encuentren con el Señor. En la vida cristiana uno no se conforma con estar en “fervoroso” mientras exista, en el entorno, gente estática en la fe.

Llama la atención las palabras que Jesús le dirige al paralítico: “Hijo, tus pecados quedan perdonados”. Es el vivo reflejo de que, quien se encuentra con Jesús, se encuentra con Dios mismo. El haber vivido como si Dios no existiera distanció al paralítico de la fuente y quedó seco. Se hizo necesario, por parte de Jesús, quitar todo el peso acumulado, la conciencia revuelta, que le impedía crecer.

Nos queda claro, que no hay que dar importancia a las críticas estériles. Los escribas murmuraron y murmuraron por la salvación que dio Jesús al necesitado. No faltará gente que piense mal y que mal interpreten las cosas santas. Ante los chismorreos hay que optar radicalmente por las palabras de Jesús: “Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”.

Señor: nosotros, como el salmista, queremos cantar eternamente tus misericordias. Danos la fuerza de tu Espíritu Santo para permanecer en gracia. No queremos ser de los que lleven en camillas, sino de aquellos que ayuden, que son fuertes para tu servicio. Ayúdanos a ser persistentes y perseverantes haciendo el bien a los demás. Que no descansemos hasta que los otros alcancen la dicha que viene de ti. Que la felicidad y la reconciliación de los otros sea, por siempre, nuestra alegría.

  1. ¿He pasado o estoy pasando por una parálisis espiritual?
  2. ¿Qué he aprendido de esta situación?
  3. ¿Me dejo conducir hasta Jesús? ¿He conducido a los demás hasta Él?
  4. ¿Cuántos “boquetes” he abierto con tal de encontrarme con Jesús?

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