Sáb. May 28th, 2022

ApmPrensa

Agencia de Prensa Palabra Multimedia

BUSCAR A JESÚS Y MADURAR EN FE: MOTIVACIÓN POR LA CUAL SE BUSCA.

3 min read

EVANGELIO DE HOY: 20/1/22 (Mc 3,7-12).

Hoy se nos presenta a Jesús; se retiró con sus discípulos a la orilla del lago de Galilea. Lo seguían de diversos puntos geográficos. Su fama se había extendido. El texto permite afirmar que lo habían identificado como “Hijo de Dios”, profesión echa por los espíritus del mal, que también se hicieron presentes. Con todo, una frase llama la atención, el gentío reunido iba motivado por “las cosas que Él hacía”.

El mismo Jesús temió que lo estrujasen de una vez, y ordenó a los discípulos prepararle una barca para subirse. La gente estaba empeñada en tocarlo. Es impresionante la cantidad de gente tocando a Jesús en el Nuevo Testamento. En este contexto, Él mismo se admiró de aquellos que creyeron sin tal necesidad. Hay que situarse, en este sentido del pasaje, en los márgenes geográficos donde Él se encontraba; lugares fronterizos donde la fe estaba más árida. Jesús no impidió que la gente lo tocase, ni se enojó porque, como punto de partida, lo buscasen por las cosas que hacía.

Un testimonio del padre Emiliano Tardif nos puede iluminar para comprender la manera de ser de Jesús: a este sacerdote muchos le criticaban, diciéndole que la multitud se le aglomeraba buscando sanación y no conversión; a lo que Él respondía, más o menos, con este pensamiento: Cuando Jesús sana a una persona, cuando ésta se ve liberada de su enfermedad, le prosigue la conversión. La sanación física se convierte en su punto de partida para ser introducida en la sanación del alma, la más profunda.

Esta gente en movimiento, en el texto de hoy, es una escuela de evangelización para todos nosotros. Ellos supieron dónde estaba Jesús, y le dieron prioridad. Se fueron en busca de Él hasta el impulso de tocarlo y estrujarlo. No perdieron tiempo. Es una urgencia esa sed de Dios. Con todo, hay que buscarlo no por un interés particular, sino por unirse a Él, Dios de la vida y de la salvación; no se busca de Dios por razones de “ventajas” individuales, sino porque sea su Reino, y todo lo demás se suma por añadidura.

Señor: hace años te buscamos. Hemos de reconocer que algunas veces hemos estado impulsados por erróneas motivaciones. Lo cierto es que hemos ido madurando, cambiando. Líbranos de los deseos egoístas; de nosotros ser el centro de nuestras súplicas. Queremos aprender a buscar y a interceder por los demás. Ayúdanos, Señor, a purificar cada vez más nuestro camino hacia ti. Que te busquemos a ti, por las mismas motivaciones con la que tú has salido a nuestro encuentro. No queremos estrujarte, sólo que nos quedemos juntos.

  1. ¿Por qué busco a Jesús?
  2. ¿Qué he madurado en mi encuentro con el Señor?
  3. ¿La presencia del Señor, me pone en movimiento?