Dom. Jul 3rd, 2022

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Virgen de los dolores y de la esperanza

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Cuánto admiramos a la Virgen Dolorosa por haber sufrido como sufrió, por haber amado como amó; de esta manera va contando en silencio episodios de su notable existencia y dejando tras de sí las huellas del calor y cariño que le profesó a su hijo amado.

La Madre tiene tanto que contar porque como señala Ignacio Larrañaga ella vivió entre el combate y la esperanza, de una servidora que enseña la gratitud y el gozo de todas las partidas y ausencias que debemos enfrentar en estos tiempos recios.

Para todo aquel que entiende algo de la vida espiritual, la oración sencilla expresada con humildad es la forma de estar contacto con nuestra Madre María, es el modo más simple de ayudarse a vivir la oración que en palabras de Carlos Carretto, es si se quiere, una vía hacia la contemplación.

De esta manera la Iglesia nos invita a meditar en los dolores de la Virgen, especialmente en siete de ellos, cuyo número en el lenguaje bíblico es símbolo de plenitud o totalidad; siete dolores de la Virgen que meditamos especialmente en el rosario, a sabiendas, como dice el padre Marcelino de Andrés, que el “dolor es compañero inseparable de nuestro peregrinar por esta vida temporal, y que antes o después aparece por el camino de nuestra existencia y se pone a nuestro lado, porque, tarde o temprano toca a nuestras puertas, y no nos pide permiso para pasar, entra y sale como si fuese uno más de casa”.