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“UN CORAZÓN PURO PENETRA CIELO Y TIERRA”

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EVANGELIO DE HOY: 11/03/22 (Mt 5,20-26).

Las palabras de Jesús inauguran nuevos retos; marcan la diferencia entre lo que se venía enseñando y practicando desde antiguo, y lo que Él plantea: “Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos”. Observemos el inicio de la frase: “Si no es mayor”, o sea, más santa, más pura, más originaria, más semejante a la de Dios.

Si la ley dice: “… No matarás, pues el que mate será reo ante el tribunal…”, a criterios del Señor, la falta personal no es solamente cuando se “mata”, sino cuando se ofende a la persona. La agresión verbal y los insultos son denunciados por Jesús. Estamos comprendiendo que humillar, lastimar la dignidad del otro es delito.

El Señor nos da la pauta de cómo hacer que nuestra justicia sea cada vez mayor, y más parecida con la suya: “Si al momento de presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti…”. Aquí observamos la exigencia de una espiritualidad madura: integra y armoniza la relación consigo mismo, con Dios, con los demás, y con la naturaleza. No hay sana espiritualidad cuando uno de estos elementos se desintegra. En el planteamiento de Jesús hay un llamado a despertar la conciencia; y que ésta lo haga antes de llegar ante Dios, para no presentarnos ante Él con el corazón ocupado de venganza, resentimiento, acusaciones.

No ha de darnos vergüenza “dejar la ofrenda” para resolver el pendiente, la vergüenza sería llegar a encontrarnos con el Señor, y decirle que no tuvimos la humildad suficiente para reconciliarnos.

Para vivir la justicia del nivel que el Señor propone, los santos nos invitan a tener un corazón puro. “Los puros de corazón ven a Dios en todas las partes”. Incluso, los conflictos interpersonales son asimilados como oportunidad para madurar en fe, amor y misericordia. Todas las cosas, con los ojos de la pureza, adquieren colores diferentes. Lo que pudiera parecer una traba, un embate, un nudo, se transforma en oportunidad de oro para crecer en santidad. Porque Dios no ignora el esfuerzo de sus hijos por ser justos como Él lo es. “Si hay alegría en el mundo la posee un corazón puro” (Tomás de Kempis).

Señor: somos peregrinos en el país de la vida. Vamos caminando hacia ti. Mándanos la luz del cielo, que ilumine nuestras conciencias. Necesitamos indagar nuestros corazones para identificar los nudos interpersonales que debemos desatar.

Deseamos contemplarte, llevar una vida sacramental, queremos más oración, más orden internamente, para poder descubrirte, saborearte, y servir en paz en tu Reino. Danos humildad e inocencia para dejar espontáneamente las cosas que deseamos regalarte, hasta que no adquiramos la ofrenda que te hace feliz. Con razón, Señor, nos dice el Salmo 129: “De ti procede el perdón y así infundes respeto”.

  1. ¿El sentido de mi justicia ha ido creciendo a la manera de Dios?
  2. ¿Con qué me presentaré delante de Dios?
  3. ¿Qué estoy esperando para devolverme? ¿O creo que ya puedo seguir avanzando hacia el altar?