Vie. Jul 1st, 2022

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EL VALOR DEL TESTIMONIO CRISTIANO.

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EVANGELIO DE HOY: 31/3/22 (Jn 5,31-47).

  
El mensaje central del pasaje de hoy gira en torno a la palabra “testimonio”, diez veces repetida en el texto. Jesús inicia diciendo “Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido”. Con dicho concepto, se refiere a aquello que legitima, garantiza, demuestra, prueba, evidencia, su verdad, su autenticidad, dándole crédito integral a su persona.  En su planteamiento, Jesús enumera cuatro fuentes que dan testimonio de Él:
 
Empieza por Juan. Con Juan integramos a todos los hombres y las mujeres del Espíritu, que desde antiguo han venido anunciando, preparando el camino, sensibilizando… Pero a este mensajero especial, Jesús lo identifica como “lámpara que ardía y brillaba”. Es una imagen hermosa, de la que se ha servido Benedicto XVI para decirnos a todos nosotros cómo debemos dar testimonio hoy de nuestro Señor Jesucristo.
 
Jesús, por así decir, parte del testimonio más sencillo (el del ser humano), en comparación al segundo que enumera: “las obras que Él realiza”. Obras que, conforme argumenta, no son de su autoría, sino que proceden del Padre. No se las apropia.

El testimonio de los hombres y de las mujeres, así como el de las obras… tienen como meta final que el ser humano crea, tenga fe y se salve. Las obras de Jesús no son espectáculo para satisfacer la curiosidad de nadie. Tienen un sentido fino, espiritual, divino, que desea convencer de que hay un Dios, una comunidad trinitaria divina, real, actuante. Dios no es invento.
 
El tercer elemento que Jesús enumera, que da testimonio de Él, es el mismo Padre: “El Padre que me envió, Él mismo da testimonio de mí”. Es interesante destacar de qué manera lo hace; da testimonio mediante el propio Hijo, porque a Dios, “nadie le ha escuchado la voz ni se ha visto su semblante”. De la única manera en que se acoge el testimonio del Padre es aceptando la voz del Hijo.
 
El cuarto elemento, que sintetiza los anteriores, son las Sagradas Escrituras. Aquí tenemos una fuente también impresionante, trascendente, y hasta recuerda el Salmo 139 cuando dice: “Más maravillosa es su ciencia que mi capacidad; tan alta que no puedo comprenderla”. Y hasta aquí resulta fantástico comprobar cómo Jesús nos ha simplificado el misterio, elevado a nuestro intelecto, en acciones y palabras sencillas.
 
Con estas cuatro fuentes testimoniales, se comprende muy bien por qué a Jesús le “duele la cabeza”: -“¡No quieren venir a mí para tener vida!”; -“No me reciben”.
 
Cada uno de nosotros, en este camino cuaresmal, ha de preguntarse cómo va acogiendo y dejándose transformar por Dios, que se nos da de todas maneras, de todas las formas. Nos quedan unos días muy valiosos para llegar y vivir una fecunda Pascua. T

ambién se nos invita, en el pasaje, a ser otros “Juan”, otras “Juana”, lámparas ardientes que buscan iluminar, irradiar a Cristo con nuestras vidas. La manera de vivir, de ser, testimonian lo que somos.
 
Señor: ayúdanos a ser luz que ilumine en medio de la realidad que vivimos. Danos la gracia de ser lo que somos, de vivir en verdad y autenticidad. Queremos, con nuestra vida, hablar de ti. Que nuestras acciones recuerden que la santidad de Dios llena la tierra. En nuestra pobreza y debilidad, también queremos anunciarte, Señor.
 
1. Cuando me ven ¿qué ven en mí?
2. ¿Qué testimonio doy como cristiano?
3. ¿Hablo bien de mí mismo o dejo que otras personas lo hagan?