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¿EN QUÉ CONSISTE LA LIBERTAD CRISTIANA?: ¿CÓMO SÉ SI SOY LIBRE?

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EVANGELIO DE HOY: 6/4/22 (Jn 8,31-42).

 En el pasaje de hoy, Jesús se dirige a los judíos que habían creído en Él. Importa tener en cuenta a quien se destina este mensaje. Justamente llama la atención que la polémica del diálogo, esta vez, no sea con fariseos, sino con los que “habían creído”. Entonces se entiende la expresión: “Si se mantienen en mi Palabra serán de verdad discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad les hará libres”. ¿En qué consiste esta libertad prometida por Jesús? Meditemos sobre algunas pautas, ofrecidas por el texto, que nos permiten un examen de conciencia para tomarnos el pulso de cómo anda nuestra libertad:
 
La libertad es un don de Dios. “Es el Hijo quien hace libre”. Nadie se libera solo. Por eso están confusos algunos creyentes, pensando que tienen libertad: “Nunca hemos sido esclavos de nadie”. Aún no entienden de qué se trata. Se hace difícil rescatar a alguien convencido de que no está preso; se ha acomodado a sus cadenas sin darse cuenta de sus amarras.
 
Creer es el punto de partida para la libertad que Jesús ofrece. Pero no basta con creer; se hace preciso, además, mantenerse en la fe. “Mantenerse” es un verbo neurálgico. Trae la imagen de esas raíces que se hunden. La vida cristiana está llamada a hundirse en la Palabra, saborearla, hacerla vida. La estabilidad que aquí se vislumbra, contra todo viento y tempestad, es lo que pule el seguimiento, lo madura. La firmeza y la constancia forjan al discípulo verdadero. No se aparta nunca de la Palabra.
 
En la profundidad de la Palabra se encuentra la Verdad. La Verdad es una persona, Jesús. Conocer la Verdad y conocer a Jesús es la misma cosa. El don de la libertad se afianza en la Verdad; ahí encuentra soporte, base, crédito, paz. Nada hay de más peso que la verdad. Aquí está la roca, la solidez. Todo lo contrario es tierra movediza, que se hunde, se contradice, se quiebra.
 
¿Cómo se concretiza la libertad? Rescatando del pecado, del camino que lleva a la muerte. Cuando Jesús dice: “No dan cabida a mis palabras”, podemos considerar, que la libertad cristiana lleva a despojarse de todo aquello que no sea de Dios; para que Él mismo y sus cosas habiten y dirijan la vida por completo. La libertad es operativa y espiritual. Mediante el Santo Espíritu ella va puliendo, va lijando, hasta despojar todo lo extraño en la persona y hacerla genuina discípula.
 
¿Para qué libera el Señor? Para caminar hacia Dios como Padre, uniéndose a Él y, con este presupuesto, amar. La persona libre, como bien dice Jesús: “no hace nada por su cuenta”. Hace lo que al Padre le agrada. Es una libertad obediente, comprometida con Él.
 
Señor: hoy tu Palabra nos confronta ante falsas libertades que nos impiden saber escoger la Verdad. Te pedimos la gracia del silencio, que nos permita identificar los nudos que nos esclavizan. Recordamos esas palabras de Nelson Mandela cuando luego de tantos años, preso injustamente, dijo: “Si salgo de la cárcel con odio en mi corazón, seguiría siendo un preso”. Ayúdanos a liberarnos de aquellas cadenas que no sabemos tener. Queremos afianzarnos en tu Verdad y permanecer en ella. Aunque el horno encendido en el escenario de la vida nos amenace, queremos cantar a tu Nombre.
 
1. ¿Soy una persona libre? ¿En qué consiste esta libertad? ¿Cómo el evangelio me arroja luz para replantearme la libertad como don divino?2. ¿Dónde permanece mi corazón? ¿Dónde reposa? ¿Qué esclavitudes le amenazan?

3. ¿Qué dice a mi vida la libertad de Jesús para dar la vida?