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¿QUÉ HICIERON CON JESÚS?: DIOS SIGUE ESCRIBIENDO DERECHO EN LÍNEAS TORCIDAS

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EVANGELIO DE HOY: 9/4/22 (Jn 11,45-57).

El evangelista Juan nos va introduciendo en los momentos más difíciles de la vida histórica de Jesús. Tengamos en cuenta que hoy antecede al relato un acontecimiento decisivo, uno de los mayores prodigios realizados por Jesús, la resurrección de Lázaro. Por eso se inicia diciendo que “muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que habían hecho, creyeron en Él”.
 
Con la afirmación “creyeron en Él”, se desató la polémica. Los signos de vida provocaron signos de muerte. Una contradicción. Mientras unos se reunían en casa de una familia, para festejar (Marta, María y Lázaro), otros lo hacían en el Sanedrín (consejo de las autoridades judías) para conspirar contra Jesús. Dos escenarios distintos. En casa de sus amigos, muchos lo querían. En la reunión de los maquinadores, Jesús era totalmente despreciado. Sin embargo, consideremos como Dios escribe derecho en líneas torcidas.
 
El evangelio de hoy se comprende mejor teniendo en cuenta la primera lectura del profeta Ezequiel. Ahí está la profecía que ha de cumplirse: el Señor promete “reunir a su pueblo”, “librarlo de sus pecados y rebeldías”, “hacer con ellos una nueva alianza”, “una alianza eterna”. ¿Qué iban a pensar los contrarios de Jesús que, al buscar su muerte, realmente estaban haciendo cumplir los designios de Dios anunciado desde antiguo? (Si con Lázaro creyeron, imagine lo que acontecerá con la propia resurrección de Jesús). En Jesús resucitado todos serán una nación santa, indivisible, un solo cuerpo, sin dispersión, bajo el criterio de creer en Él y permanecer en su Palabra.
 
Cuando el Sumo Sacerdote, Caifás, dice: “Conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera”, lo que buscaba realmente era defender su tradición, su templo, sus recursos, su porción… Pero, aún con sus intenciones torcidas, el Espíritu le hizo decir, por su propia voz, el mensaje que Dios quería comunicar. El Espíritu lo puso en sintonía con su vocación sacerdotal. Él, que dijo a su consejo: “ustedes no entienden ni palabra”, ahora vemos más claro que él tampoco sabía lo que estaba diciendo, ni cómo colaboraba, sin saberlo, con la voluntad de Dios.
 
Señor: hoy nos invitas a confiar plenamente. Como nos hace recitar el salmo, “el Señor nos guardará como un pastor a su rebaño”; entonces, aunque pasemos por cañadas oscuras no temeremos mal. Señor, la historia no se te va de las manos. Tú nos conduces, nos guías. Y aunque encaremos la muerte, más allá de ella estás tú, con tu misericordia y tu bondad, rescatándonos. Por tu vida, sabemos que quien se dispone a sembrar signos del Reino le llegarán latigazos. Pero la fuerza de tu Espíritu es extraordinaria. Ningún poder humano escapa a tu control. Que podamos creerte a ti, Señor. Contigo, nosotros queremos ir a la fiesta.

1. ¿Cómo se ve hoy, la actualización de lo que han hecho con Jesús?
2. ¿Qué signos damos como cristianos para que otras personas crean en Jesús?
3. ¿Promuevo los signos de vida para que aumenten la fe?
4. ¿Cómo experimento en mi vida la mano de Dios, escribiendo derecho en líneas torcidas?