Vie. Jul 1st, 2022

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En camino con la Palabra: Domingo de Ramos

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En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

El evangelio de este domingo de Ramos nos presenta la versión de la pasión y muerte del Señor en la versión de Lucas. El Mg. Manuel Tenjo, profesor del programa de Ciencias Bíblicas en Uniminuto, nos habla de la experiencia relatada por Lucas del camino de Jesús como siervo sufriente y su martirio hasta la cruz.

Nos dirá el profesor Tenjo que en el relato de la pasión convergen diferentes elementos que terminan en la muerte, en la cual Jesús es proclamado rey e hijo de Dios y reconocido como Señor, espectáculo que nos lleva a reconocer el dinamismo redentor de la muerte de Jesús.

Lc 22,14 – 23,56

Llevaban también con él a dos malhechores para matarlos. Cuando llegaron al lugar llamado «Calavera», le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Y Jesús decía:—Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.Y se repartieron sus ropas echando suertes. El pueblo estaba mirando, y los jefes se burlaban de él y decían:—Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si él es el Cristo de Dios, el elegido. Los soldados se burlaban también de él; se acercaban y ofreciéndole vinagre decían:—Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

Encima de él había una inscripción: «Éste es el Rey de los judíos».Uno de los malhechores crucificados le injuriaba diciendo:—¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros.Pero el otro le reprendía:—¿Ni siquiera tú, que estás en el mismo suplicio, temes a Dios? Nosotros estamos aquí justamente, porque recibimos lo merecido por lo que hemos hecho; pero éste no ha hecho ningún mal.Y decía:—Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.

Y le respondió:—En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso.Era ya alrededor de la hora sexta. Y toda la tierra se cubrió de tinieblas hasta la hora nona.

Se oscureció el sol, y el velo del Templo se rasgó por la mitad. 46 Y Jesús, clamando con una gran voz, dijo:—Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.Y diciendo esto expiró.

El centurión, al ver lo que había sucedido, glorificó a Dios diciendo:—Verdaderamente este hombre era justo.Y toda la multitud que se había reunido ante este espectáculo, al contemplar lo ocurrido, regresaba golpeándose el pecho.

Todos los conocidos de Jesús y las mujeres que le habían seguido desde Galilea estaban observando de lejos estas cosas.