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HAGAMOS EL CAMINO DE EMAÚS: ¡IDENTIFIQUEMOS A QUÉ ALTURA DEL TRAYECTO VAMOS!

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EVANGELIO DE HOY: 20/4/22 (Lc 24,13-35).

El relato pascual de hoy nos habla del trayecto hacia una pequeña aldea llamada Emaús. El camino es hecho por dos de los discípulos de Jesús, a quienes Él se les aparece y acompaña. El camino de Emaús también es un itinerario espiritual. Emaús está allí donde el Señor camina a nuestro lado pacientemente hasta hacernos arder el corazón y gustarlo como alimento. Una lectura atenta del pasaje permite contemplar varias etapas en dicho peregrinaje; intentaremos identificarlas para que nos sirva de parámetro y saber a qué altura, en la experiencia de resurrección del Señor, pudiéramos estar nosotros:
 

  1. DISTRAÍDOS POR EL DESÁNIMO.
     
    Los discípulos caminaban, el primer día de la semana, contrariamente a como lo hicieron las mujeres; ellas se dirigían a la comunidad, ellos se distanciaron. Iban conversando, y también discutiendo. Da a entender que en algunas cosas coincidían y en otras no. En medio de dicha confusión en torno a lo acontecido con Jesús, no fueron capaces de reconocerlo cuando se les apareció en el camino. Una cosa fue el Jesús histórico, que convivió con ellos, otra el Cristo de la fe, con otro aspecto, a ser reconocido con ojos creyentes.
     
  2. LEYENDO LA REALIDAD SIN FE.
     
    Los discípulos, uno llamado Cleofás, y el otro llamado “lector” (porque podemos ser cualquiera de nosotros) narraron lo acontecido a Jesús. Pusieron nombre a los hechos, pero les faltaba un detalle, no creyeron en los resultados obtenidos. Manifestaron su frustración: “Nosotros esperábamos que Él fuera el futuro libertador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto…”. Los discípulos estaban viviendo el segundo día. No tuvieron paciencia hasta llegar el tercero. No supieron caminar en la oscuridad. El decaimiento no les permitía unir la coherencia entre las enseñanzas de Jesús y todo lo que había ocurrido.
     
  3. CONFRONTADOS POR JESÚS.
     
    Un boche de Jesús fue necesario para comenzar a ablandarse el entendimiento: “¡Qué necios y torpes son para creer lo que anunciaron los profetas!”. Esta expresión fue la conclusión a la que Él llegó luego de haber escuchado la lectura de sus discípulos. Como si fuese la primera vez, Jesús les explicó nuevamente las Escrituras. Los discípulos habían quedado con lagunas. No la había asimilado. Fueron rellenando los baches según Jesús exponía. Los ojos de la fe se les fueron abriendo. Pero aún así, la sola explicación de la Palabra no era suficiente, hacía falta otra dimensión…
     
    4.  DESEANDO QUE ÉL SE QUEDE.
     
    Consideremos lo que pasó en el corazón de Jesús cuando, al hacer ademán de que seguía adelante, escuchó a sus amigos decirle: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída”. Seguro que a Él también le ardió el corazón. Si en la primera etapa prevaleció el desánimo, a esta altura ya hay olor a esperanza. Desear estar con Jesús es un nivel elevado de gracia y santidad. Pero todavía no es suficiente. No basta con desear.
     
  4. QUEDÁNDOSE EN PRESENCIA REAL.
     
    El relato parece presentar una contradicción entre las frases: “entró para quedarse con ellos”; y luego: “Él desapareció”. Como bien dijo un sabio teólogo: Cristo desapareció porque los discípulos lo comulgan, y de esta manera se quedaron con Él para siempre. Él es el Pan que desea ser comido. Nos queda claro cómo la liturgia eucarística, bien vivida y contemplada, nos permite un antes y un después de la santa comunión. Uno puede llegar desenfocado, pero luego el corazón comienza arder y Jesús coloca todo en su lugar. El privilegio de sentarse con Él en la mesa y de que Él mismo parta y comparta el Pan es el culmen necesario para que se abran nuestros ojos, le reconozcamos y asumamos el compromiso con su causa.
     
  5. CAMINANDO CON LA FUERZA DEL RESUCITADO.
     
    El relato nos presenta a esos discípulos caminando con firmeza, con pasión y valentía. Regresaron a la comunidad. No se vive la Pascua lejos de la comunión. Reencontraron a sus compañeros, a sus hermanos en la fe: “En verdad, ha resucitado”. Con los ojos de la resurrección, contaron todo, pero de manera diferente, ahora con la luz de Cristo.  
     
    Con el salmista decimos: “Que se alegren los que buscan al Señor”.