Mié. Jun 29th, 2022

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TESTIGOS DEL RESUCITADO: … FORTALECIDOS EN EL DON DE LA FE.

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EVANGELIO DE HOY: 21/4/22 (Lc 24,35-48).

El evangelio de hoy nos habla de la aparición de Jesús a sus discípulos; presenta diversas escenas, todas con un hilo conductor: fortalecer y reforzar la fe de aquellos llamados a ser sus testigos. Meditemos, intentando, al mismo tiempo, releer cada línea desde nuestra experiencia actual.
 
Al parecer, los discípulos estaban reunidos en una casa. Todos apiñados. A esta altura de la historia, varios habían tenido experiencia con el Resucitado, como los de Emaús. Justamente estaban hablando de estas cosas. Es hermoso, en este sentido, que el Señor nos sorprenda, en la vida, hablando sobre Él; pero esto no es suficiente.
 
Cuando Jesús llega en medio de la comunidad no dice otra cosa sino “Paz a ustedes”. La paz es fruto del Espíritu Santo. Es una señal auténtica de creer. Es firmeza en la mansedumbre. Don indispensable para la misión encomendada: “ser testigos”. La paz es el estado de quien ha superado las distracciones, el qué dirán. Por tanto, de esta gracia emana la libertad de espíritu. Ella permite ahondar en los misterios sagrados. Sólo Jesús, como señala el pasaje, puede dar esta paz; y Él, hermanos y hermanas, es lo primero que nos ofrece.
 
Jesús hizo un proceso con sus discípulos, pues habían quedado llenos de miedo por la sorpresa. Les hizo preguntas, que resuenan entre nosotros también: -“¿Por qué tienen miedo?, ¿por qué surgen dudas en su interior?”. Les enseña las manos, los pies para que los miren y les aclara: “Soy yo, en persona”. Da otro paso más, invitando a que le palpen y confirmen que Él tiene carne y huesos. De esta escena comenta Benedicto XVI: “La resurrección no borra los signos de la crucifixión”. La imagen cobra sentido en las palabras de santa Ángela de Foligno, quien afirmó que Jesús le dijo: “No te he amado en broma”.
 
El detalle de la comida compartida nuevamente se presenta: – ¿Tienen ahí algo de comer?; el Señor les pregunta. Le ofrecen un trozo de pez asado. A criterio de San Gregorio Magno, el pez asado representa la pasión. Él es el pez asado al fuego. Observemos que Él lo comió delante de ellos. Y es comiendo este alimento donde el Señor, en su misericordia infinita, les explicó nuevamente las Escrituras hasta que se les abrió el entendimiento. Para ser testigos, entonces, se hace necesario: creer en Cristo, acoger su paz (superando los miedos y las dudas), compartir su mesa, estar con Él y en Él, entender la Palabra, asumir la misión de, en su Nombre, predicar la conversión y el perdón de los pecados.
 
El Salmo 8 nos enseña a rezar: “Señor, dueño nuestro, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?”.
 
Intentemos responder las preguntas de Jesús: 

  1. ¿Por qué se alarman?
  2. ¿Por qué surgen dudas en su interior?
  3. ¿Tienen ahí algo de comer?