Mié. Jun 29th, 2022

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Y siguen los feminicidios

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Hacía meses que no escuchábamos noticias tan trágicas. Siete mujeres muertas a manos de sus parejas en un mes y todavía no termina abril. Suegras, madres y esposas asesinadas.

Pensábamos que, como la pandemia del Covid-19, también había mermado la plaga de los feminicidios.Pero no, esa lacra sigue acabando con las vidas de las mujeres.

En el 2021 ocurrieron 152 feminicidios, 18 más que el año anterior. Más de 3,000 mujeres muertas en la última década según la Procuraduría General de la República. Vidas perdidas, niños huérfanos y familias desgarradas por un drama humano llevado a su extremo: la violencia.

Una violencia despiadada que no respeta nada. Ni a niños que ven morir a sus madres ante sus ojos, como en el caso ocurrido ayer en Boca Chica. A Rosalinda Luciano nadie pudo socorrerla. Después de correr despavorida por las calles sin encontrar ayuda, murió a los pies de su hijo que le rogaba que no lo dejara solo. Otra existencia robada por feminicidio y un inocente muerto en vida porque tal vez nunca se recupere de haber vivido y ser testigo de tan incomparable tragedia.

A la chef Raquelita Guerra, no obstante haber puesto querella, su verdugo no pudo con ella, pero si con su madre a quien le quitó la vida salvajemente con 25 puñaladas. Todavía la llama desde la cárcel para molestarla y preguntar por el hijo a quien también trató de matar.

¿Quién detiene esta violencia que acaba con las mujeres? Mientras se buscan culpables, siguen muriendo mujeres. Tal vez los culpables somos todos por indolentes, insensibles y por habernos anestesiado ante el dolor y el sufrimiento ajeno. Por trivializar y minimizar el maltrato y permitir que eche raíces en todas las esferas de la sociedad. Es ese abuso silente el que luego se convierte en muerte y que mata a mujeres y niños.

Ban Ki Moon siempre invitaba a romper el silencio. A no quedarse de brazos cruzados cuando se sea testigo de maltratos. Tenemos que ayudar a las víctimas, denunciar los actos de violencia, exigir justicia y, sobre todo, educar para la paz, no para la guerra entre hombres y mujeres.