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TENÍAN LAGO, BARCA, REDES, HABILIDAD…: LES FALTABA LA LUZ DEL RESUCITADO.

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EVANGELIO DE HOY: 22/4/22 (Jn 21,1-14).

El pasaje de hoy nos presenta la tercera aparición de Jesús a los discípulos; esta vez, junto al lago de Tiberíades o de Galilea. Podrían distinguirse en el relato cuatro estaciones significativas:

 
“ME VOY A PESCAR”

Pedro tuvo la iniciativa de ir a pescar. Le siguen, animados, los demás discípulos, a quienes ni se les había ocurrido. Esto recuerda las veces en que hacemos las cosas por nuestra cuenta, a nuestro antojo, cuando se nos pega la voluntad. Este “me voy a pescar”, ha de acogerse en el sentido de la promesa de Jesús: “Vengan conmigo, y yo les haré pescadores de hombres”. Salieron a pescar, pero se fueron solos.

“¿TIENEN PESCADO?”

 La pregunta de Jesús: “¿tienen pescado?”, es decisiva. Es la cuestión que permite constatar las redes vacías, luego de haber pasado toda la noche bregando, sin resultados. Sin Jesús todo es oscuro, vacío, perdido. Esta pregunta ha de hacer eco en nuestra vida, en nuestro ministerio, en nuestra Iglesia. Observemos que es una pregunta en plural, posee dimensión comunitaria. Y comunitariamente respondieron los discípulos, con humildad un “NO”. Y es a partir de este “NO”, donde el Señor comienza actuar. Desde nuestra nada, nuestra insuficiencia para resultados que dependen de la gracia, y no sólo de la tarea humana.   

“ECHEN LA RED A LA DERECHA”

Hasta el momento, los discípulos tenían: lago, barca, redes, habilidad como pescadores…, pero les faltaba la dirección, la luz del Resucitado. Sin la luz de quien ve en la oscuridad, de quien se eleva desde lo alto y apunta el horizonte, sin esta visión no pudieron avanzar. Luego de haber invertido sus energías en tanto tiempo desperdiciado, se abrieron humildemente a la orientación y prosiguieron velozmente: “La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces”.

“ES EL SEÑOR”

La frase “es el Señor” es un tesoro trascendente. En ella se sintetiza todo. Es un santo reconocimiento. Es la humildad de quien sabe que por ellos mismos no pudieron hacer nada. Es el Señor, quien sorprendió a Pedro en su desnudez, en su verdad… Al enterarse, rápido se puso la túnica, pero ya el Señor lo había visto; como nos ve y nos descubre a cada uno de nosotros. Como discípulos, no tengamos miedo de echarnos al agua con todo lo que somos, porque al fin de cuentas, todo mérito recae en Jesús Resucitado.
 
A partir de la frase “es el Señor” tienen sentido sus detalles: el Resucitado se pone a bregar con leña para dar de comer a sus discípulos. Allí, en la orilla, se dibuja el horizonte del Reino. Todos, almorzando, en el banquete del Reino, con sus amigos más viejos, y con todos “los peces” que han sido acercados al Señor, en su Nombre, en su Palabra. Es una hermosa imagen, con un oportuno silencio. “Ninguno se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor”.
 
Con el salmista decimos: “Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.
 
1. ¿Nos vamos a pescar solos?
2. ¿Tenemos “pescados” en la barca?
3. ¿Qué orientación sigo para echar las redes?
4. ¿Reconozco la presencia del Señor en las obras emprendidas?