Vie. Jul 1st, 2022

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SU PRESENCIA RESUCITADA:
DIRIGE LA BARCA DE NUESTRAS VIDAS.

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EVANGELIO DE HOY: 30/4/22 (Jn 6,16-21).

El pasaje de este día nos habla sobre el acontecimiento de los discípulos embarcados en el lago atravesando hacia Cafarnaún. El énfasis recae en que era de noche, noche cerrada, con viento fuerte y lago encrespado. En medio de la circunstancia, vieron a Jesús acercándose, y se asustaron. Él les dijo: “Soy yo, no teman”. El texto de hoy se localiza en medio de dos relatos que nos permiten darle sentido: el que está antes, habla sobre la multiplicación de los panes; el que está después, es una enseñanza sobre el pan de vida.

Desde esta panorámica podemos reflexionar que Jesús Eucaristía adquiere una nueva presencia en nuestras vidas. Si el Jesús histórico tuvo que restringirse a las limitaciones humanas, ahora, resucitado, está liberado de tales ataduras para estar en todos y en cada uno al mismo tiempo. Su cuerpo espiritual es presencia resucitada.

El texto nos narra la travesía de los discípulos y, con ellos, también nosotros retomamos la experiencia cuando nos ha tocado atravesar los kilómetros de la vida en noche cerrada. Por más que rememos para salir a fuerza de brazo, todo cambia cuando sentimos la presencia del Señor, que se manifiesta de múltiples maneras, en diversos rostros y expresiones. En fe también escuchamos ese murmullo interior que dice: “Soy yo, no teman”.

De la misma manera en que los discípulos querían cogerlo a bordo… Uno pasa por momentos en que cree “darle una mano a Jesús”; pero es Él quien no sólo nos da una mano, sino todo su cuerpo. Cuando ellos creyeron que restaban aguas para navegar, ya estaban en la orilla, en tierra firme, en el sitio donde iban. Así es la presencia de Jesús resucitado: una brújula espiritual que nos guía al puerto seguro. Llegar con Él y permanecer en Él es vivenciar la pascua a plenitud.

En este momento recitamos y meditamos las frases del Salmo 32: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. /Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre”.

  1. ¿Cuáles vientos fuertes amenazan el rumbo de mi barca?
  2. ¿Cómo experimento la presencia del Resucitado conduciéndome a puerto seguro?
  3. ¿Cuándo fue la última vez que le pedí a Jesús sacramentado que me enseñe a amarlo, a confiar en Él, todavía más?