Mié. Jun 29th, 2022

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Hijos de Cristal = Padres de Algodón

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Antes de todo debo aclarar que los papá y mamá no somos los amigos de nuestros hijos, somos sus padres, lo cual implica que hay una diferencia generacional y por ende una autoridad unida a una responsabilidad nuestra sobre ellos, por lo tanto no somos iguales para ser panas, cuates ni ‘‘bros’’.

Los padres no estamos para consentir, ni para suplicar, ni para obviar pero tampoco para sobreproteger, no estamos para maltratar ni caerle bien a nuestros hijos porque si no nos volvemos padres de algodón que crían hijos de cristal.

Los padres estamos para amarles, proveerles lo necesario, protegerles, potenciar sus talentos, escucharles, aconsejarles, educarles en valores y también para corregir a nuestros hijos, por esto es vital ejercer nuestro rol completo desde que son pequeños y al menos hasta que alcancen la mayoría de edad.

Si queremos educar hijos capaces de elegir el bien, de tener una personalidad definida e integridad, es vital que como padres aprendamos a decirles no cuando sea no y sí cuando sea sí desde pequeños y mantener nuestra respuesta.

En otras palabras, el carácter positivo de los hijos se forma a través del establecimiento de normas y de su cumplimiento en el hogar y fuera del mismo, enseñándoles cuáles acciones sí son correctas y cuáles simplemente no lo son. De este modo se forma a nuestros hijos en la moral, sabiendo decirles de manera oportuna y con claridad cuáles comportamientos sí son buenos para sí mismos y para quienes les rodean y cuáles les perjudican a ambos.

Cuando educamos a nuestros hijos mediante el ‘‘El Sí o el No Justificado’’ no sólo les autorizamos o negamos realizar tal o cual acción, sino que al explicarles las razones de nuestra postura ante sus conductas o nuestra decisión de su asistencia o no a determinadas actividades, estamos formándoles en el razonamiento y en el aprendizaje de que todo tiene un por qué.

No basta con decirles que sí o que no a nuestros hijos, sino que es necesario hacerles entender cuáles son las causas de nuestras decisiones en sus vidas.

Los padres de hoy necesitamos entender que asumir nuestra figura de autoridad es parte esencial de nuestro rol en la educación moral de nuestros hijos y no una responsabilidad de la escuela, ni de la Iglesia, y que ejercer asertivamente esta postura no implica la violencia verbal o física hacia nuestros hijos ni que nos teman, sino el saberles comunicar con firmeza y claridad lo que está bien y lo que está mal y establecer consecuencias positivas o negativas por sus actos, que es la realidad de la sociedad que les espera en su adultez.