Vie. Jul 1st, 2022

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CUERPO DE CRISTO: ALIMENTO Y COMPROMISO.

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EVANGELIO DE HOY: 6/5/22 (Jn 6,52-59).

 El lenguaje de Jesús, siendo sencillo, nublaba el raciocinio de los sordos en la fe, quienes se preguntaron -«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» (Jn 6,52). Para ayudarnos en la reflexión recordamos al profeta Ezequiel 3,1-3: «Come lo que se te ofrece; come este rollo y ve luego a hablar a la casa de Israel. Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo, y me dijo: «aliméntate y sáciate de este rollo que yo te doy». Lo comí y me supo dulce como la miel». Observamos que, de lo que come, hablará. El rollo no le pertenece al profeta, tampoco su contenido. Se lo ofrecen. El acto de comer supone la acción de «tragar», «digerir», «asimilar», «asumir», «profetizar».

Lo que se digiere circula por las venas transformado en sangre, alimento. Ese rollo, la Palabra, es el pensamiento de Dios hecho comida; alimento dulce como la miel. Mientras al profeta le es ofrecido el «rollo para comer», en Juan 6,51 es el propio Jesús quien se ofrece como «pan de carne» para ser comido. La persona de Jesús no se separa de su propio proyecto. Comerle es comulgar con la totalidad de su ser y misión.

¿Qué supone comer la carne de Jesús? Implica compartir su causa por el Reino, que conlleva, como a Él: odio sin motivos (Jn 15,25), persecución, abandono (Jn 5,18), turbación, tristeza (Jn 13, 21.27)… «El que come mi pan ha alzado contra mí su talón» (Cf. Jn 13,17). Jesús es el pan de carne abofeteado (Jn 19,3), sentenciado (Jn 19,7), crucificado y resucitado (Jn 19,17). No por casualidad, algunos comentaron de su propuesta: «Es muy duro este lenguaje» (Jn 6,60). Comer su carne y beber su sangre es un proyecto de vida eterna a ser asumido, no parcialmente, sino de manera integral.  

Nos recuerdan nuestros obispos en su carta pastoral sobre la Eucaristía (2018), que éste es el sacramento que manifiesta el amor más grande, dar vida por los amigos (cf.n.31). Es, al mismo tiempo, encontrarse con el Dios de la vida en la comunidad; escenario donde formamos un solo cuerpo con Cristo, que nos compromete (Cf. n.78). En suma, comer su carne y beber su sangre es desear como el mismo Jesús: que todos seamos uno, como el Padre en el Hijo y el Hijo en el Padre, para que el mundo crea (Cf. Jn 17,21).

Señor: gracias por la insistencia en todos estos días, donde nos hablas y nos ofreces la comida verdadera. Es admirable el ahínco para que acojamos aquello que nos santifica haciéndonos más hijos e hijas de Dios. Danos la luz de tu Espíritu para sumergirnos en tu misterio cada vez más. Despierta nuestra conciencia para saber lo que implica comer tu cuerpo y beber tu sangre. Enséñanos a amarte y a servirte en los demás.

1. ¿Qué lugar ocupa la Eucaristía en mí para vivir como resucitado?
2. ¿Cuáles amigos me ayudaron a tener mayor conciencia de lo que es la Eucaristía?
3. ¿Cómo voy haciendo vida de comunión en la familia, en la Iglesia, en la sociedad?