Mié. Jun 29th, 2022

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El valor de respetar

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Siempre repetimos la frase de Benito Juárez de que el respeto al derecho ajeno es la paz. Ciertamente cuando respetamos a todos los seres vivos generamos ambientes de armonía y sana convivencia. Por eso el respeto tiene que ser de doble vía. De eso se trata el respeto mutuo.

Tenemos que respetar para ser respetados.
La fábula de Esopo de Androcles y el león nos ilustra del valor de respetar incluso a los animales y hacerles el bien y los réditos que esto genera.

No importa con quién nos enfrentemos en la vida. Si lo hacemos desde el respeto mutuo podremos construir paz y amistad verdadera.

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“Un esclavo llamado Androcles una vez escapó de su amo y huyó al bosque. Mientras deambulaba por ahí, se encontró con un león acostado gimiendo y gimiendo. Al principio se volvió para huir, pero al ver que el León no le perseguía, se volvió y se acercó a él.

Cuando se acercó, el león sacó su pata, toda hinchada y sangrando, y Androcles descubrió que una espina enorme se había metido en ella, y estaba causando todo el dolor. Sacó la espina y ató la pata del león, que pronto pudo levantarse y lamer la mano de Androcles como un perro. Entonces el león llevó a Androcles a su cueva, y todos los días le traía carne de la que vivir.

Pero poco después, tanto Androcles como el león fueron capturados, y el esclavo fue condenado a ser arrojado al león, después de que este último hubiera estado sin comida durante varios días. El emperador y toda su corte vinieron a ver el espectáculo, y Androcles fue conducido al centro de la arena. Pronto, el león se soltó de su guarida, y corrió saltando y rugiendo hacia su víctima.

Pero tan pronto como se acercó a Androcles reconoció a su amigo, y le aduló, y le lamió las manos como un perro amistoso. El emperador, sorprendido, convocó a Androcles, quien le contó toda la historia. Entonces el esclavo fue perdonado y liberado, y al león se le soltó en su bosque para que fuera libre”.

Un acto de aceptación, de respeto mutuo y solidaridad genera una cadena de bondad, gratitud y amor. El respeto es la primera concreción del mandato de Jesús de amar al prójimo como a nosotros mismos.