Vie. Jul 1st, 2022

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LA VOCACIÓN ES UN FUEGO: EL SEÑOR ASUME EL INCENDIO DEL CORAZÓN.

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EVANGELIO DE HOY: 8/5/22 (Jn 10,27-30).

Este IV domingo de pascua, conocido como el domingo del buen pastor, celebramos la jornada mundial de oración por las vocaciones en la Iglesia. Y este sentido daremos a nuestra meditación:

“Mis ovejas escuchan mi voz”… con un hermoso matiz de pertenencia comienza el evangelio de hoy. “Mis ovejas”, las que el Señor asume con responsabilidad. Se denota una experiencia auditiva en la relación: Él habla y ellas escuchan. Consideremos, a su vez, que este “escuchar” va de la mano con obedecer. Las ovejas tienen una dirección, una orientación, saben hacia dónde se dirigen, y el pastor sabe muy bien hacia dónde las conduce.

El pasaje sigue ahondando en profundidad; el Señor “las conoce”. Este conocimiento es fundamental en todo llamado. Cuando el Señor elige sabe a quién está eligiendo. Él escudriña los corazones y su Santo Espíritu pesa las acciones del interior. Usted no va a encontrar en ningún pasaje del evangelio los criterios por los cuales el Señor elige a una persona. Y, ni se nos ocurra preguntarle. Es una decisión ante la cual hay que guardar silencio. Es un misterio. La única información a la que tenemos acceso es que “el pastor conoce a sus ovejas”.

“Ellas le siguen”. Notemos el proceso gradual que acontece entre las líneas del texto: Él llama, ellas siguen. ¿De qué sirve intentar frenar un llamado? El fuego de la voz del Señor es poderoso. Por más agua que se intente echar, Él lo aumenta y no se consume.

Queda evidente que no queda sin recompensa la persona que escucha, obedece, y sigue… “Yo les doy la vida eterna”. El Señor despierta los sentidos de la persona vocacionada para que sea capaz de percibir el tesoro que se le ofrece. Quizás los de fuera miren y no comprendan. Pero quien dice sí, ha experimentado el cantar de María: “Proclama mi alma la grandeza del Señor… porque ha mirado la pequeñez de su sierva…”.

Toda vocación cristiana tiene su nota martirial: “no perecerán para siempre”. A ninguna vocación se le libra de los sufrimientos, como queda explícito en los Hechos de los Apóstoles. El Señor les hizo “luz de las naciones”, y si bien conquistaron a muchos para Cristo, por otro lado, despertaron tal envidia que fueron perseguidos y maltratados. Con todo, la postura del pastor es firme: “nadie las arrebatará de mi mano”… porque Él asume responsablemente la vocación que despierta.

Es linda la imagen del Padre dándole ovejas al Hijo. Es preciosa. Hermosa es también la trayectoria de quien ha sido fiel a su llamado; quien buscó agradar al Señor hasta la muerte… porque éstos, al final, luego de la gran tribulación tendrán “vestiduras blancas” y “palmas en las manos”, por haber blanqueado sus mantos en la Sangre del Cordero.

Con el salmista rezamos: “Somos su pueblo y ovejas de su rebaño”.

  1. ¿Estoy orando por las vocaciones en la Iglesia?
  2. ¿Sé la repercusión que tiene intentar desviar la respuesta a un llamado que Dios hace?
  3. ¿Cómo colaboro con la promoción de las vocaciones a todos los estados de vida