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DICE JESÚS: -“YO SOY LA PUERTA”:
EL CORAZÓN DE DIOS NOS ESPERA AL ENTRAR.

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EVANGELIO DE HOY: 9/5/22 (Jn 10,1-10).

Hoy, la enseñanza de Jesús parte de la imagen de la puerta. De ésta se inicia diciendo: “…el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas…”; si el sustantivo relevante es “puerta”, el verbo principal es “entrar”. ¿Dónde se localiza el “aprisco”, “corral”, de las ovejas? Éstas están en el corazón del Padre, en el seno de su misericordia. Esto es lo que nos espera luego de atravesar la puerta. En su corazón están todos nuestros nombres, vivos, reales, verdaderos…

Parece haber una confusión cuando Jesús dice estas dos frases: “el que entra por la puerta es el pastor”, y “Yo soy la puerta de las ovejas”; se da a entender que es “pastor” y, al mismo tiempo, “puerta”. En el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, esto ha de comprenderse en el sentido de que Jesús “entra por sí mismo al Padre”; nosotros, en cambio, lo necesitamos a Él, como “puerta”, para acceder al corazón de Dios.

Una escena sublime acontece, según el texto, luego de que se entra al “corral”, al “corazón”… allí “las ovejas atienden a su voz”. Podemos considerar que es el tiempo fuerte con Dios. Es la experiencia fundante, donde se forja la identidad. Aquí se afinan los sentidos. Se hace alianza. Nace el sentido de pertenencia. Es, por así decir, el horno, donde se cocinan las bases y fundamentos espirituales para luego “salir fuera”, sin dejar de estar en Él.

Tengamos en cuenta que el pastor las va llamando por sus nombres. Esto recuerda la espiritualidad del seguimiento, “Los llamó para estar con Él y enviarlos a predicar” (Cf. Mc 3,13). Cuando las ha sacado, “camina delante de ellas y las ovejas lo siguen”. Él es pastor siempre. Las ovejas han aprendido su manera, su forma, su método.

No se confunden. No se extravían. No siguen otro camino extraño. No las seduce la curiosidad. No negocian la gracia recibida. Quien ha experimentado el “regazo del corazón de Dios”, no se conforma con cualquier estancia; “entra y sale por la puerta”. Con Él y en Él siempre habrá pastos. En este sentido dijo Santa Margarita: “Poseo en todo tiempo y llevo conmigo a todas partes al Dios de mi corazón y el corazón de mi Dios”.

“Yo soy la puerta”, nos dice el Señor. Cada uno sabrá a dónde va a tocar para que le abran, y a dónde desea entrar. La puerta está ahí, abierta. Y el evangelio, cada día, nos da los criterios para que el “guardián” nos abra.

¡Qué bien nos hace rezar con el Salmo 41!: “Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo/. Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío… ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?”.

  1. ¿He entrado por la Puerta para ver “el rostro” de Dios?
  2. ¿Cuáles “bandidos” buscan desviarme de la puerta verdadera?
  3. ¿Qué voz estoy siguiendo?