Dom. Jul 3rd, 2022

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SEAMOS RAMAS FECUNDAS EN EL TRONCO DEL SEÑOR.

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EVANGELIO DE HOY: 18/5/22 (Jn 15,1-18).

El Señor hoy nos habla mediante la imagen de la vid y los sarmientos: “Yo soy la vid, y mi Padre es el labrador”. Nos podríamos preguntar, ¿dónde está el Espíritu Santo en esta comparación?; consideremos que Él es la “savia”, la que circula en los vasos conductores de toda la planta. Es quien nutre, favoreciendo la vida. Aquí está la Santísima Trinidad; nos dice, entre las líneas del texto, cómo podemos llegar a ser cada vez mejores y fecundas ramas. Meditemos:

Como punto de partida se nos advierte: “A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto”. Quien ejecuta esta acción es el labrador, el Padre, y su tijera para podar es la Palabra, su Palabra está en el Hijo. Esto nos recuerda que en la vida espiritual no hay nada estático. Ella exige dinamismo y creatividad. El fin es que la “rama”, que somos cada uno, demos frutos. El labrador está atento; hace diferencia entre “arrancar” y “podar”. A su tiempo, quien no ha dado señal de frutos, lo arranca. Pero a quien “da algo”, lo podan.

¿Qué significado tiene dicha poda? En el camino se nos van pegando muchas cosas, costumbres contrarias al sueño del Señor para cada uno. Entonces, en su inmensa misericordia, el labrador va podando. Hemos de preguntarnos si nos vamos dejando podar por el Señor, dando señales de cambio, de conversión, de santidad.

En el pasaje, cuando pasa la poda, el Señor afirma: “Ustedes ya están limpios”. Se han dejado transformar. Pero no basta con llegar a estar limpios por un instante, se hace necesario “permanecer”; permanecer unido a la Vid, que es el Hijo, sin el cual no se puede hacer nada. Permanecer es gracia, y decisión personal; la Iglesia nos auxilia ofreciéndonos mediaciones para lograrlo.

Los “sarmientos” son muchos y la Vid es una sola. Un sarmiento no vive solo, por su cuenta. Para que su existencia tenga sentido ha de estar unido al tronco. ¿Cuántas veces se ha oído decir: yo rezo pero en mi casa? El rezo de la casa ha de culminar en la asamblea comunitaria. El fundamento comunitario nos lo da la misma imagen que estamos tratando, donde están los Tres unidos, integrándonos para poder dar frutos y ser fecundos para los demás (cédula de identidad cristiana).

Señor, ayúdanos a permanecer en tu gracia.

  1. ¿Qué tipo de rama soy en la Vid del Señor? ¿Me estoy dejando podar?
  2. ¿Estoy satisfecho con los frutos de mi “rama” o creo que puedo dar más?
  3. ¿Quiénes se alimentan con “mis frutos”, sabiendo que la rama los da por el tronco al que está unido?