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FIRMEZA EN EL AMOR ANTE EL ODIO AMENAZANTE.

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EVANGELIO DE HOY: 21/5/22 (Jn 15,18-21).

“Si el mundo les odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes…”. Así comienza la enseñanza de Jesús a sus discípulos hoy.

La palabra “odio” aparece en dicho texto tres veces, estando íntimamente vinculada al verbo “perseguir”, citado en dos ocasiones. Este asunto se muestra contrario al tema del amor que se venía tratando desde hace unos días. Y justamente, el “odio” y el “amor” son contrarios. Comprendemos la lógica de Jesús cuando forma a la comunidad de sus discípulos en la escuela del amor. En la misma escuela se les capacita para enfrentar el odio como consecuencia de la opción de vida.

¿Por qué fue odiado Jesús? Siguiendo la secuencia de su vida, muchos le odiaron por haber sido el elegido de Dios, su Hijo. No soportaron esta verdad ni quisieron reconocerla. Suscitó envidia, como se muestra en Mateo 27,18: “Lo habían entregado por envidia”. Al mismo tiempo, la luz de Jesús atormentaba a los que actuaban en la oscuridad. Sus obras buenas se convertían en reproche viviente.

En el lenguaje de Juan, cuando habla de “mundo” lo hace en sentido de identificar aquellos que no han aceptado la Buena Nueva y que viven en otra dinámica, con otros criterios, con otros valores.

Las personas que viven desde los valores cristianos son perseguidas; entendamos esta persecución, para nosotros, también en sentido cotidiano: burlas irónicas, desprecios, críticas, calumnias, rechazo…, pues se trata de un martirio del día a día. Con todo, esto que reciben no les justifica que devuelvan “ojo por ojo y diente por diente”. El mandamiento del amor no tiene destinatarios seleccionados ni tiempo de caducidad, queda abierto, permanente y perpetuamente, sin exclusión.   

El fundamento teológico del amor a los enemigos se soporta en el mismo Dios, que no odia nada de lo que Él mismo ha creado. Dios distingue entre las obras malas y la persona que es víctima del maligno. Hay que tener, entonces, un buen estómago espiritual, para no devolver odio por odio.

“Todo eso lo harán con ustedes a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió”. Importa recordar que aunque vayamos haciendo un proceso consciente de conversión, no todo el mundo está en esta dinámica. No nos extrañemos. Tampoco juzguemos. Nos reta el estar preparados, con una buena base espiritual que nos permita permanecer en Cristo. Esta lectura nos ayuda a volar alto pisando tierra, dejando que resbalen todas las cosas que entorpecen la misión.

Oremos ante el cuadro de la Virgen de la Altagracia. Al contemplar el cuadro, meditemos con la Madre. Ella está contemplando al Hijo, adorándolo. Está firme, centrada. No la han alborotado las persecuciones. Si está con Él nada le falta. Y desde este centro, Ella es servidora de todos. Sólo sabe dar a los demás aquello que ha contemplado.

  1. ¿Cuáles sentimientos ocupan mi corazón?
  2. ¿Cuáles sentimientos amenazan la centralidad en el amor?
  3. ¿Cuáles vitaminas espirituales me sostienen para permanecer en el amor?