Mié. Jun 29th, 2022

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PREPARÁNDONOS PARA RECIBIR EL ESPÍRITU.

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EVANGELIO DE HOY: 23/5/22 (Jn 15,26_16,4a).

El Señor Jesús nos anima hablándonos del Espíritu Santo; se comporta como el padre o la madre que van a salir de viaje, por un tiempo, y deja todo organizado para que los hijos tengan claro lo que deben ser y hacer. Recordemos que el próximo domingo es Solemnidad de la Ascensión del Señor y el siguiente es Pentecostés. Inicia diciendo en el pasaje:
 
“Cuando venga el Defensor, que les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad, que procede del Padre…”. Jesús llama al Espíritu “Defensor”, del griego (Parákletos), que a su vez significa “abogado”, “intercesor”, “consolador”. “Defensor”, porque defiende la causa de Cristo, siempre. En un segundo momento le llama directamente “Espíritu de la Verdad”; “Espíritu”, del griego (Pneuma), porque es “aire”, “soplo”, “respiración”, que conduce a la Verdad, a la Fuente, a la unión con Dios…
 
El Espíritu tiene autoridad, porque procede del Padre y no se separa del Hijo. La Verdad es su esencia. Digno de fe y de confianza. Él no permite que se apague la llama de la pasión por Jesús. Colabora incansablemente para que sus enseñanzas, las del Señor, sean comprendidas, asimiladas. Él se vuelve memoria teológica, memoria de fe. No sólo se conforma con abrir el entendimiento ni hacer digerible los misterios más profundos comunicados por Jesús, sino que capacita con fortaleza para que seamos testigos de Cristo.
 
Dar testimonio de Cristo en el día a día no sería posible sin la asistencia del Espíritu Santo. Esta fortaleza es necesaria para que no tambalee la fe al momento del aprieto, cuando las cosas se dificultan. La claridad de las enseñanzas de Jesús permite que uno no se escandalice con las controversias que genera tomarse en serio a Dios.

Se nos alerta a que no caigamos en desesperación ni en desenfoque cuando vengan los embates, porque no estaremos solos. El Espíritu hace en nuestro interior, y a manera discreta, una hermosa labor, orientándonos, fortaleciéndonos para que seamos como agua que contornea las piedras en el río y no deja de correr hacia lo más profundo.
 
Señor: te damos gracias porque no nos dejas solos. De la misma manera en que buscaste un lugar a tu Madre, al momento de la cruz, así nos ubicas a nosotros, nos sintonizas para que no caigamos en desesperanza. Ayúdanos a ser dóciles a ese Buen Maestro Interior, que ya llega, renovado, con la firme decisión de que seamos santos. Necesitamos desempolvar la casa de nuestro corazón, para que Él, en nosotros, también haga morada.
 

  1. ¿Guardo memoria de las enseñanzas de Jesús? ¿De las experiencias con Dios?
  2. ¿Cómo esta memoria me ayuda a contemplar la obra de Dios en mi vida?
  3. ¿Le he preguntado al Espíritu Santo cómo Él opera en mi vida cotidianamente?