Dom. Jul 3rd, 2022

ApmPrensa

Agencia de Prensa Palabra Multimedia

PEDIR AL PADRE LO QUE JESÚS PEDÍA   

3 min read

EVANGELIO DE HOY: 28/5/22 (Jn 16,23b-28). 

Esta vez, las enseñanzas de Jesús a sus discípulos giran en torno al verbo “pedir”, que aparece cuatro veces: “Yo les aseguro, si piden algo al Padre en mi nombre, se lo dará”. Jesús es la puerta por la que tenemos acceso a Dios directamente. Él desea que tengamos con el Padre la misma relación que Él tuvo. Con todo, notemos que tal confianza supone una estrecha unión con el Hijo. No se pide al Padre por cuenta propia, sino en Nombre de Jesús.

Hemos de preguntarnos, entonces, qué pedía Jesús, cuándo y cómo. En las páginas del Evangelio lo observamos en oración constante. Y todas sus peticiones estaban vinculadas a la misión que el Padre le había encomendado. El corazón de Jesús, su mente y su voluntad, todo su ser, estaba volcado hacia el Reino; no veía, no sentía, no buscaba nada más. Esto se refleja especialmente en la oración del Padrenuestro, donde se manifiesta el orden de prioridades de las cosas a pedir, y para qué.

“Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre; pidan y recibirán, para que su alegría sea completa”. Podemos analizar que aún la comunidad no había recibido el don del Espíritu Santo, Él es quien asiste para comprender las cosas que Jesús hable sin comparaciones. El Espíritu orienta para saber pedir lo que conviene. Si se pide lo que conviene se alcanza el gozo de la perfecta alegría, que es aquella que emana de lo mismo que se alegra la Santísima Trinidad.

“Aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que yo rogaré al Padre por ustedes, pues el Padre mismo los quiere, porque ustedes me quieren…”. ¿Qué pide una persona enamorada de Jesús? ¿Qué negaría el Padre a una persona loca de amor por Jesús? Al Padre se le conmueven las entrañas al constatar que sus pequeñas criaturas, acompañadas por el Hijo, han madurado deseando cosas buenas y sabiendo dónde buscarlas. “Dime lo que amas y te diré qué peticiones haces”.

Señor: queremos renovar nuestro bautismo, ya que por él somos hijos e hijas, comunidad sacerdotal. Mándanos tu Santo Espíritu, para que purifique nuestros corazones. Limpia toda distracción, todo desenfoque, que nos impida hacer peticiones genuinas en tu nombre, aquellas que el Padre no niega, porque le alegran profundamente. Deseamos hacerlo feliz con nuestras súplicas. Nosotros esperamos alegrarnos en Él al contemplar que su generosidad no tiene medidas.

1. En este momento de mi vida ¿qué estoy pidiendo a Dios?
2. ¿Lo que pido a Dios es semejante a lo que Jesús le pedía?
3. ¿Qué me dicen de mí mismo las peticiones que hago?