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MARÍA MADRE DE LA IGLESIA

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EVANGELIO DE HOY: 6/6/22 (Jn 19,25-34).

Hoy celebramos la fiesta de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia. Para dicho acontecimiento se presenta el relato de María al pie de la cruz. Llama la atención que también estaban otras mujeres, pero Jesús fijó su corazón y su mirada en María. Todas tenían dolor, pero el de Ella, era dolor de Madre, único; Él lo reconoció. Si madre es quien «da a luz», la Iglesia nace, como todo parto, con mucho sufrimiento fecundo. El sufrimiento martirial es el cordón umbilical de la Iglesia.

El vínculo maternal María-Iglesia lo determina Cristo, suya es la inspiración y la decisión de entregarla con un rol: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. No le dice: “tienes a un hijo”, sino “tu hijo”. Ese “discípulo amado” es el mismo Jesús; todo el amor, la ternura, el desvelo, todo su ser ha de ser encausado hacia ese discípulo, que somos todos y cada uno de nosotros. La maternidad de María está garantizada para quien se decida a seguir a Jesús.

Por su parte, el discípulo también recibe la herencia: “ahí tienes a tu madre”. La madre no sólo cuida al hijo, también necesita ser cuidada. El buen hijo y la buena hija siempre buscan agradar a su madre con todos los detalles posibles. La respetan, la valoran, la tienen en cuenta y la consultan. La visitan, van con ella de paseo. Le regalan lo que le gusta, y si son cariñosos le dan muchos besos y abrazos.

María es Madre de la Iglesia por su “perfecta unión con Cristo”. Nosotros queremos ser como esos hijos parecidos a su madre, y caminar con Ella hacia Jesús. Él supo muy bien lo que implicaba la presencia mariana en la comunidad de sus discípulos como memoria discreta, fortaleza espiritual, dulzura exigente… Nos toca, como Juan, acogerla en la intimidad de nuestras vidas. No quiso Jesús que tengamos una relación periférica con María. El misterio de la maternidad nos une con lazos fuertes de amor.

María, Madre de nuestro Señor y Madre nuestra, gracias porque siempre acoges un hijo más. Tu corazón es una casa abierta. En él podemos llegar sin avisar, entrar y quedarnos. Si ves que no nos acercamos, tú acudes en nuestra búsqueda; porque así son las madres. El dinamismo de tu amor te mantiene sin manchas ni arrugas. Gracias porque lo que eres deseas para nosotros y no te rindes hasta conseguirlo. Nos quieres a todos, llenos de gracia. Llenos de tu Hijo Jesús. Gracias María, porque al ser Madre de la Iglesia, eres Madre de cada bautizado en Cristo Jesús.

1. ¿Cómo vivo mi relación con María Madre?
2. ¿Cómo he sentido su presencia custodiando mi sí al Señor?
3. ¿Qué supone el saber que mi Madre espiritual tiene muchos hijos?