Sáb. Jul 2nd, 2022

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HONESTIDAD ESPIRITUAL.

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EVANGELIO DE HOY: 15/6/22 (Mt 6,1-6.16-18).

En su predicación Jesús insiste hoy en la autenticidad de la vida espiritual. Enumera cuatro prácticas religiosas (justicia, limosna, oración y ayuno), las cuales, al mismo tiempo, sintetizan las actitudes que hemos de tener en todos los aspectos de la vida cotidiana.
 
El tema central apunta hacia la intención con la cual se hacen las cosas. Se nos llama a la honradez espiritual al advertirnos: no hacer estas prácticas delante de las personas, tocando trompetas, con el fin de “ser vistos”, “tener honras”, “aplausos”, porque lastima la nobleza de intención.
 
Jesús nos invita a remar mar adentro, a recuperar el valor de la prudencia y la discreción. Qué buscamos cuando abogamos por el bien, cuando compartimos lo que tenemos, cuando oramos y hacemos alguna penitencia. Es una cuestión que exige silencio. ¿A quién deseamos agradar?
 
El planteamiento busca separarnos de la vanagloria, de la máscara, de la hipocresía, del fingimiento. Nos lleva a entablar una relación con Dios y con los demás auténtica y verdadera. En el pasaje se destaca la discreción del Señor; su lenguaje y su manera llevan a la intimidad: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”, “queda en secreto”, “entra en tu aposento”, “cierra la puerta”, “tu Padre está en lo escondido”, “ve en lo escondido”…
 
En el ejercicio diario de tales valores se van echando raíces que unen a Dios y maduran la relación con Él. Es la necesidad que sienten los enamorados de tener un espacio, un ambiente, unas condiciones básicas que les permita expresarse, comunicarse. A los enamorados no les interesa tener audiencia publicitaria. Esto mismo lo siente Dios. Y cuando más nos enamoramos de Él, más lo vamos buscando en el silencio del corazón.

Ojalá hagamos ese hermoso ejercicio de cerrar las puertas de la dispersión, del ruido, de las distracciones, para adentrarnos a escucharlo a Él. En su presencia, aprendiendo su forma, nos vamos formando; lo de Dios se va quedando en nosotros gracias a la comunión transformante. Sin darnos cuenta cómo, empezamos a vivir el valor de la prudencia. Todo lo que sucede dentro, en el aposento interior, se refleja luego en la convivencia comunitaria.
 
Señor: gracias por vivir discretamente en nosotros. Gracias por darnos tus secretos de amor. Que nuestra relación contigo sea cada vez más viva. Así no nos interesan los aplausos distractores. Danos la gracia de la prudencia, nos hace mucha falta. Nos unimos al salmista cuando dice: “Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen… En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas; los ocultas… frente a las lenguas pendencieras”.

  1. ¿Cómo vivo en el valor de la prudencia?
  2. ¿Qué significa para mí honestidad espiritual?
  3. ¿En este momento de mi vida: a quién busco agradar?