Sáb. Jul 2nd, 2022

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Volver a la fuente

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Una de las grandes tareas de la Iglesia católica y de cualquier confesión religiosa cristiana consiste en “llevar a Jesús”; si no lo hiciese sería una Iglesia muerta. Además, ha de estar continuamente volviendo a la fuente para recuperar la frescura original del Evangelio que es mucho más que un mensaje verbal.

Las familias y las parroquias constituyen dos plataformas esenciales para la evangelización y la catequesis; dos instancias humanizadoras. Pero ambas requieren de una regeneración. Han de vivir un proceso individual y grupal de conversión a Jesús, profundizando en lo esencial del Evangelio.

Hoy, la pastoral de transmisión no es suficiente porque se reduce solamente a una herencia recibida, a una doctrina, a una moral, a una práctica de los sacramentos, de las devociones, de la oración y de la disciplina de la Iglesia; hay que buscar nuevos caminos de acción pastoral dando vida a la pastoral de la acogida, de la propuesta de fe y del diálogo. La Iglesia no debe ser percibida en ningún lugar como una institución que impone, juzga o amenaza desde su autoridad sagrada indiscutible, sino como un lugar de libertad y de invitación.

La renovación de la Iglesia no se alcanza por miedo, por el comportamiento autodefensivo, de restauracionismo y por la pasividad del pueblo cristiano. Se ha de reconocer que por muchos años se formó a la feligresía para la sumisión, la obediencia, el silencio y la pasividad. Además, el cristianismo se ha exhibido como una religión de autoridad y no de llamada. Hoy se requiere un diálogo más fluido de la Iglesia con la sociedad, con la familia y con los jóvenes.

Algunas veces, la novedad nos atemoriza, hemos de recuperar la frescura del Evangelio: volver al encuentro personal con Jesús, vivir y anunciar lo esencial del Evangelio. Solo es válido lo que lleva a Jesús y lo que viene de Él. El cristiano y el pastor han de ser personas convencidas, entusiasmadas, seguras, enamoradas de Jesús para poder convencer.

Hemos de combatir la mundanidad espiritual, las formas poco sanas de espiritualidad, los estilos de vida poco evangélicas, los chismes y las guerras entre los cristianos. Conviene salir de las sacristías para exhibir la audacia, la creatividad y la valentía del Espíritu.

Definitivamente, hay que volver a Jesús a través de una conversión humilde y gozosa. Hay que recuperar la identidad de discípulos y seguidores de Él.

Jesús ha de estar presente en la actividad, la planificación y la organización. Hay que saber renunciar a lo que no resulta pastoralmente. Hay que volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio. Hay que leer, estudiar, meditar y vivir la Palabra.

Necesitamos una evangelización y una catequesis parroquial, escolar y universitaria que permita dar respuesta al mandato de Jesús “vayan a hacer discípulos a todos los pueblos”. El Evangelio es la gran fuerza que impulsa y dinamiza a las comunidades. La tarea no es exponer una religión, sino enseñar el “Camino del Señor” para hacer de la fe cristiana un estilo de vida.