Sáb. Jul 2nd, 2022

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¿CUÁLES TESOROS CUSTODIA MI CORAZÓN?

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EVANGELIO DE HOY: 17/6/22 (Mt 6,19-23).

La predicación de Jesús hoy nos advierte sobre la práctica de “atesorar tesoros en la tierra”; trae consigo la imagen de acumular, reunir, evoca dedicación, inversión de tiempo, energías… Atesoramos en la tierra cuando nos gobierna el deseo por las cosas materiales o transitorias a las que les damos un lugar decisivo en nuestra agenda y en nuestra vida.
 
“Atesorar tesoros en la tierra” es reunir más de lo necesario tocando los márgenes de la avaricia (el afán de poseer muchos bienes por el solo placer de tenerlos sin compartir con nadie). Al no compartirse, se acumula, sirviendo de “casa” para la polilla y la carcoma. Esto recuerda un señor que, al confesarse, en lecho de muerte, dijo al sacerdote: “mi vida ha sido un error”. Todos sus tesoros estaban al alcance de los ladrones, de los ambiciosos que esperaban su último suspiro para llenar los botines con el esfuerzo de toda su vida. Pudieramos también atesorar cosas no materiales, pero vacías de sentido, que llevan a una vida superficial y a una felicidad sin Dios.
 
Jesús nos alerta, nos abre los ojos del entendimiento, nos enseña a levantar la mirada, a contemplar un horizonte mayor: “atesoren tesoros en el cielo donde no hay polilla ni carcoma… ni ladrones”.  El Señor nos enseña a hacer una sabia inversión. Él es el tesoro, el único que nadie nos puede quitar. En torno a Él giran otras gracias: santidad, misericordia, amor, servicio, alegría… Son riquezas espirituales no transitorias, antiguas y nuevas, sin manchas ni arrugas, las que sí se comparten sin consumirse.
 
 Aquello que es para nosotros lo más importante, lo guardamos en el cofre de mayor valor: “Donde está tu tesoro, allí está tu corazón”. Nos viene bien un examen de conciencia, para identificar el orden de importancia y de valor que le damos a las cosas que nos interesan. Una mirada honesta al corazón nos permitirá ponerle nombre a lo que habita dentro. Desde lo que atesoramos miramos la vida entera: “La lámpara del cuerpo es el ojo”. Hoy es el día de la limpieza espiritual, a fin de la sanidad que nos permita mirar claramente aquello que realmente importa para nuestro bien.
 
Señor: danos la gracia de levantar el corazón hacia ti. Necesitamos despojarlo, vaciarlo de las distracciones que nosotros mismos hemos consentido. Deseamos conservarte asentado en nuestro interior.

Para que tú nos vayas modelando, formando, conquistando. Y que este núcleo palpitante sea el que nos mueva, nos haga contemplativos de tu gracia en nuestra tierra. No queremos hacer inversiones inútiles, de esas expuestas a polillas, carcomas y ladrones. Deseamos atesorar sin apariencia esas gracias inalcanzables con manos humanas; que tu Espíritu nos haga dóciles a ellas.
 
1. En este momento de mi vida: ¿a qué le estoy dando mayor importancia?
2. ¿Dónde está envuelto mi corazón?
3. ¿Cómo las cosas que llevo dentro condicionan mi mirada hacia fuera?