Vie. Jul 1st, 2022

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Amor de Padres

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El amor parental o de padres a hijos tiene una dimensión de responsabilidad, a lo que  llamamos «paternidad responsable», la cual ocurre cuando los padres cumplimos con los derechos del niño, niña y adolescente, a lo que los cristianos también agregamos otros elementos de carácter moral y bíblico.

La Declaración de los Derechos Universales del Niño establece diez principios:

1. El derecho a la igualdad, sin distinción de raza, religión o nacionalidad.

2. El derecho a tener una protección especial para el desarrollo físico, mental y social del niño.

3. El derecho a un nombre y a una nacionalidad desde su nacimiento.

4. El derecho a una alimentación, vivienda y atención médica adecuada.

5. El derecho a una educación y a un tratamiento especial para aquellos niños que sufren alguna discapacidad mental o física.

6. El derecho a la comprensión y al amor de los padres y de la sociedad.

7. El derecho a actividades recreativas y a una educación gratuita.

8. El derecho a estar entre los primeros en recibir ayuda en cualquier circunstancia.

9. El derecho a la protección contra cualquier forma de abandono, crueldad y explotación.

10. El derecho a ser criado con un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos y hermandad universal.

Cuando amamos a nuestros hijos hemos de manifestarlo garantizándoles el cumplimiento de sus derechos fundamentales sobre todo durante su infancia y adolescencia. Ahora bien, ahí no queda todo. Amar a nuestros hijos va aún más lejos. Amarles es también corregirles oportunamente y expresarles tanto nuestro afecto físico como verbal; amarles es también ayudarles a aprender y prepararles para la independencia; amarles es también guiarles y acogerles ante la equivocación; amarles es también educarles en valores.

Manifestar el amor a nuestros hijos es también tener una vida íntegra individual y matrimonial, en la que prevalezca el amor y el respeto entre esposos. Luchar por su unión matrimonial es manifestación de amor a sus hijos. Por ello, amarnos y amar a nuestros hijos también es abrirnos a buscar dirección espiritual y/o ayuda terapéutica cuando nuestros conflictos matrimoniales fueran inmanejables, siempre con personas que vivan auténticamente los valores matrimoniales en los que creemos.

El amor nunca pasa (1 Corintios 13, 8) por lo que si usted ama a su esposo(a) y a sus hijos busque ayuda, ¡Salve su matrimonio y salve su unión familiar!

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