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EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA: BUSCA LA PUREZA DE NUESTRO CORAZÓN

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EVANGELIO DE HOY: 25/6/22 (Mt 8,5-17).

En este día especial del “inmaculado corazón de María” meditamos en la Madre desde la pureza que la habita. El corazón representa toda su persona. Ha sido distinguida y reservada como sagrario para acoger al Salvador. El Espíritu en Ella la ha dejado llena de gracia; una gracia que ha conservado desde su sí obediente y eterno.
 
El corazón de María ha sido probado en el fuego de la vida, manteniéndose intacto en cuanto a prevalecer sin mancha. No hay paréntesis de flaquezas o debilidades humanas en la Madre, como ha pasado con otros grandes personajes bíblicos, y con nosotros también. Con todo, lo más admirable de esta dimensión mariana, es que no se conforma con estar limpia, sino que desea que todos sus hijos e hijas también lo estén. El pasaje del centurión romano nos hace recordarla abogando por nuestra sanación integral ante su Hijo Jesús:  
 
De la misma manera que el centurión se acerca a Jesús a pedir por la sanación de su criado en cama, sufriendo; así es María. Ha hecho muchos viajes hasta Jesús por cada uno de nosotros, con su nombre y su apellido. De hecho, alguien contó una anécdota a partir de una pregunta: -¿Qué significa ser mariano? Respuesta: – Ser mariano se confirma cuando, al subir al cielo, al encuentro culmen con Jesús, éste diga: – “He oído a mi madre hablándome de ti”.
 
Si el centurión, ante la disposición de Jesús, le dice: “¿Quién soy yo para que entres bajo mi techo? Basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano”, pensando en la Madre como Madre, pudiéramos imaginarla, no diciéndole a Jesús las mismas cosas del centurión, sino “entrando bajo el techo de Jesús a todos los hijos e hijas que se confían en Ella”. Como Madre, no quiere entrarnos con “los pies” sucios, sino que nos lava primero. Su felicidad es constatar cómo nos vamos purificando al amparo de sus oficios maternos. María nos mete a todos bajo “el techo” de Jesús, que es la cobija misma de su corazón.  
 
Una de las frases que el centurión dice a Jesús para justificarle que no necesita entrar en su casa es: “Yo también vivo bajo disciplina y tengo soldado a mis órdenes: y le digo a uno “ve”, y va; al otro, “ven”, y viene; a mi criado, “haz esto”, y lo hace”. Hemos de preguntarnos si nosotros también vivimos en disciplina con aquello que el Señor quiere hacer en nosotros por medio de María. ¿Estamos haciendo caso a sus inspiraciones, por nuestro bien?
 
Querida Madre: que cuando Jesús nos mire también se admire por nuestra fe. Gracias por ser guía espiritual para nosotros. No queremos poner resistencia a tu labor en nuestras vidas. Queremos que nos introduzca bajo el techo de Jesús, en su santo aposento. Gracias por andar con nosotros y no dejarnos fuera. Hemos sentido la necesidad de ser mejores estando a tu lado. Que nuestro corazón también sea semejante al tuyo, como el tuyo es semejante al de Jesús.

1. ¿Qué cosas en mi corazón necesitan ser purificadas?
2. ¿Qué me dice la imagen del mar, cuando saca las basuras de sus aguas?
3. ¿Le ayudo a la Madre a “dar viajes” hasta Jesús por otras personas que no se valen por sí mismas?

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