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¡PÓNGANSE EN CAMINO! ALÉGRENSE DE TENER EL NOMBRE EN EL CIELO.

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EVANGELIO DE HOY: 3/7/22 (Lc 10,1-12.17-20).

El pasaje de este domingo nos ofrece la clave para que nuestros nombres estén inscritos en el cielo. Ahora bien, para tal recompensa, el Señor nos indica la tarea: “¡Pónganse en camino!”. ¿Cuál es el camino? ¿Con qué actitud y condiciones se marcha sobre éste? ¿Con quién caminar y cómo hacerlo?
 
Jesús es al mismo tiempo, camino y caminante, luego de haber estado con Él, envía a predicar. Porque cuando uno va a predicar, no lo hace de cualquier manera. Meditemos: “Designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él”.
 
Entre amigos, comentando este pasaje, nos preguntamos por este número 72. Consideramos que el número 12 (que representan las 12 tribus de Israel y los 12 discípulos), al ser multiplicado por 6 (el número de días laborables en la cultura israelita de la época) da el número 72. A cada tribu le tocarían 6 misioneros, distribuidos en parejas de 2, para ir preparando el camino del Señor, quizás predicando mañana, tarde y noche, cubriendo todo el tiempo, y todos los espacios. Esto es el espejo de la universalidad del evangelio. En nuestro lenguaje sería un trabajar para el Señor “24/7”, porque “la mies es abundante y los obreros pocos”.
 
Lo planteado es coherente con la urgencia que el Señor muestra en el relato. Nuevamente, consideremos el: “¡Pónganse en camino!”, “no se detengan a saludar a nadie…”. El Señor entrena intensamente previendo todas las circunstancias: “los mando como corderos en medio de lobos”, además de indicar un listado de cosas que no necesitan llevar. Lo único válido y verdadero para llevar es “Jesús vivo”, en el corazón. Que sean sus enseñanzas lo único que ocupe y preocupe a los discípulos misioneros.
 
La importancia de ir de dos en dos parte, en un primer momento, de que Dios es comunión trinitaria. También, andar en misión con el hermano, permite que uno sea para el otro memoria. Uno solo no es suficiente para recordar las enseñanzas de Jesús. Y posiblemente, cuando alguno intenta acomodarse, el otro le espabile y le ponga en la cosa, según lo deseado por Jesús. La comunidad garantiza la eficacia. Permite agilizar el discernimiento de qué hacer ante los imprevistos. En suma, como dice el viejo canto: “dos juntos caminando avanzan mejor…”.
 
La hermosa profecía de Isaías: “Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz”, se actualiza cada vez que hombres y mujeres disponen sus vidas para bien gastarla por el Reino. Se tornan canales de bendición de Dios para su pueblo.
 
En san Pablo descubrimos la altura espiritual a la que hemos de llegar con la gracia de Dios para ser buenos servidores: “Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Se trata de un serio camino interior para dejar la gloria de Dios acontecer y que ésta sea testimoniada por todos.
 
El Salmo 65 nos da la luz de lo que el Señor espera como resultado de nuestra misión conjunta: “Aclamen al Señor, tierra entera; toquen en honor para su nombre… Que se postre ante ti la tierra entera. Vengan a ver las obras de Dios, sus magníficas proezas en favor de los hombres”.


1. ¿Qué hemos hecho con el envío que el Señor nos hace? ¿Estamos orando para que más personas escuchen el llamado y se dispongan?
2. ¿Con quiénes vamos de camino? ¿Cómo nos vamos ayudando a ser memoria de lo que el Señor desea para su pueblo?
3. ¿Por qué nace nuestra alegría? ¿Qué nos hace felices en la misión?
4. ¿Colaboro para que más personas tengan su nombre inscrito en el cielo?

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