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CONVERTIR “MIGAJAS” EN “PAN”: A FUERZA DE FE.

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EVANGELIO DE HOY: 03/8/22 (Mt 15,21-28).

El evangelio de este día nos presenta el episodio de Jesús en la frontera de Tiro y Sidón. Allí una mujer cananea salió a su encuentro para pedirle al Señor que liberase a su hija endemoniada. La particularidad de este caso destaca la fuerza de la fe y nos ofrece luz para que aprendamos a convertir, desde ésta, “migajas” en “pan”. Meditemos:
 
Jesús, en su misión, no andaba distraído, ni se hacía rogar para ofrecer un milagro. Siendo así, hemos de comprender de otra manera la insistencia de esta madre que lo buscaba en sus aprietos. Observemos que los discípulos le dijeron al Señor: “Atiéndela que viene gritando”. Con una postura tajante, reflejando el pensamiento judío, respondió: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”. Como era extranjera, según dicha cultura, quedaba fuera de las gracias del Mesías.
 
¿Entonces cómo se entiende la postura de Jesús? La cosa se puso más seria. Porque la mujer insistía y permanecía en su búsqueda. No le detuvo su condición de mujer ni de extranjera. No le importó gritar ni pasar por molestosa. Nada la frenó. La fuerza de lo que necesitaba la empujó hacia delante; interrumpió el paso postrándose ante Él. Muchos estaban caminando alrededor de Jesús, una sola se había postrado. Esto dice mucho. Lo reconoció como Señor, y le dijo: “…socórreme”. Jesús remató la postura con una frase contundente: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”.
 
El discernimiento del Señor, desde el comienzo, le había permitido considerar la fe madura de esa mujer. Jesús buscaba el milagro, no sólo para ella, sino para todos los presentes. Lo que saldría de esta madre en desesperación iba a servir para abrir la mentalidad judía, y que se extendiera la Buena Noticia a otros pueblos, pues todos somos “el Israel escogido”.

Se hizo necesaria la paciencia de Jesús hasta que llegase la expresión arrancada de la fe: “También los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. Lo que Jesús le responde alcanza a las mujeres de todos los tiempos y de todos los lugares: “Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”.  
 
Señor: esta cananea nos da lecciones de vida por todas partes. Algunas veces nos ofendemos por cualquier cosa. Ella no se ofendió con nada, sino que supo darle vuelta y sentido a todas las expresiones. El humilde siempre sale ganando. Así son los santos.

Te pedimos la gracia para permanecer con paciencia esperando de ti tu gracia, la que no demora, sino que aguarda el momento oportuno. Nosotros estamos llenos de migajas por todas partes, “migajas” de tiempo, de amor, de escucha… en vez de quejarnos, deseamos aprovechar todo para que, por fe, se conviertan, en ti, en pan de vida.

 
1. ¿Estoy ignorando o aprovechando las “migajas” que me presenta la vida?
2.  ¿Me estoy dando como “migajas” o en “pan”?
3. ¿Qué diría Jesús de mi fe?

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