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EL SEÑOR: NOS PREGUNTA QUIÉN ES ÉL, Y NOS RESPONDE QUIÉNES SOMOS.

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EVANGELIO DE HOY: 04/8/22 (Mt 16,13-23).

El evangelio de hoy nos da luz para vivir con identidad. El Señor pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. La gente dice muchas cosas, variadas, sobre Él. De la misma manera, la gente comenta diferentes cosas sobre nuestra propia identidad. Si uno no sabe quién es, va por la vida “bailando según la música”, a veces respondiendo a perspectivas ajenas. Tener la identidad confusa genera sufrimiento estéril. La falta de identidad provoca dispersión y ausencia de templanza. Cuando los discípulos le contestaron a Jesús, Él se dio cuenta que la gente de fuera estaba intentando atinar sobre quién es, pero les faltaba: no se sabe quién es Jesús a no ser por la luz y la gracia del Espíritu Santo.
 
Ante la segunda pregunta del Maestro a sus discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”, Pedro responde: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Pedro se abrió a la luz del cielo. Se dispuso internamente para que el Espíritu le dijera las cosas que sólo el Espíritu puede responder. Jesús le dice: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo”.
 
Y ahora un detalle importante; Jesús no se conforma con que el discípulo sepa quién es Él, sino que le revela al discípulo su propia identidad; – Ahora te digo yo: “Tú eres Pedro, y con esta piedra edificaré mi Iglesia…”. Con la identidad, se nos da el nombre y la misión. En el encuentro íntimo con Jesús llegamos a tomar conciencia de qué significa tener un nombre, una familia, un apellido, un pueblo, y una tarea específica para desempeñar mientras vamos de camino.
 
Recordemos y recemos con un número 19 de la exhortación apostólica Gaudete et exsultate, sobre el llamado a la santidad: “Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio”. La felicidad cristiana consiste en saberse hijo e hija de Dios, a su imagen y semejanza, tenido en cuenta para hacer resplandecer su gloria en esta tierra, y un día contemplarla plenamente, por iniciativa de su misericordia.
 
El evangelio nos advierte que la identidad es el punto de ataque del demonio. El enemigo sabe que atacando la identidad vence. Por eso Pedro recibe un boche fuerte, cuando intenta sugerir al Señor que no acepte el sufrimiento en su camino, en su misión. “Los hijos de Dios tienen que padecer con Cristo, y por la causa de Cristo”.
 
Señor: danos la gracia de asimilar quién eres, y la gracia de saber quiénes somos. Necesitamos caminar con rumbo. No queremos que llegue un día y se vaya, viviendo en una rutina sin sentido. Borra con tu poder toda neblina, toda dispersión, que nos impida identificar a qué estamos llamados, porque una vaca siempre será vaca, pero una persona puede ser cada vez más santa.
 
1. ¿Quién es Jesús para mí?
2. ¿Quién soy yo para Jesús?
3. ¿Quiénes son los hermanos para mí?  

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