Mar. May 21st, 2024

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¿Será posible una autodestrucción humana?

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La humanidad, a lo largo de su historia, ha mostrado una extraña fascinación por su propia capacidad para autodestruirse. Desde los mitos antiguos hasta las predicciones modernas del Apocalipsis, esta preocupación se ha mantenido constante, ahora reflejada en nuestra relación con la tecnología y los cambios radicales en las estructuras sociales.

Llevamos en nuestra naturaleza el don y la maldición de la creatividad y el ingenio, que nos han permitido construir civilizaciones asombrosas y al mismo tiempo armas devastadoras. Hoy, la destrucción de lo humano se cierne sobre nosotros, tanto en términos físicos, como en el plano metafísico y ético.

Desde una perspectiva antropológica cristiana podemos afirmar la posibilidad de una destrucción de la creación que conocemos como “el fin del mundo”, pero la interpretación del texto del libro del Apocalipsis 21, que menciona «un cielo nuevo y una nueva tierra» puede variar dependiendo del enfoque y las teorías antropológicas utilizadas. 

Desde el punto de vista de la Antropología Cristiana, donde se puede entender como una promesa divina de la creación de un mundo renovado, libre de sufrimiento y mal. Representa un estado futuro de perfección y armonía en el que se restablecerá la relación entre Dios y la humanidad. Esta interpretación se basa en la creencia en la redención y la salvación, y su significado antropológico radica en la esperanza de un futuro mejor y la posibilidad de una transformación tanto individual como colectiva.

Pero también no podemos olvidar otra interpretación desde la antropología apocalíptica llena de  metáfora o símbolo. En este enfoque, «un cielo nuevo y una nueva tierra» podría entenderse como un llamado a un cambio profundo en las estructuras sociales, políticas y culturales existentes. La «tierra» actual podría representar un sistema social imperfecto y desigual, mientras que el «cielo nuevo» podría simbolizar una visión utópica de una sociedad más justa y equitativa. Desde esta perspectiva, el texto invita a una transformación social y a la búsqueda de un orden social más armonioso.

En el texto ya no se presenta el Dios destructor de Sodoma y Gomorra (Gen. 19, 24-25), sino más bien el Dios que deja un espacio para la restauración de un nuevo orden relacional entre El y los hombres (Gen. 19, 29). Lo mismo sucede con el caso de la destrucción de Nínive, Dios se arrepiente y le da una nueva oportunidad (Jon. 3, 10)

En conclusión, a Dios no se le podrá acusar de la destrucción del mundo y, por lo tanto, si habrá que buscar un autor, ya es conocido: nosotros mismos, el ser humano.

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche una vez afirmó: «El hombre es algo que debe ser superado», sugiriendo que, en su evolución, la humanidad podría estar sembrando las semillas de su propia destrucción. Esta visión se relaciona con una lectura posible del Apocalipsis bíblico, que ve a la humanidad reemplazada por una nueva realidad, un cielo nuevo y una tierra nueva.

La humanidad es única en su habilidad para cambiar deliberadamente su entorno y a sí misma. Esta habilidad nos ha permitido prosperar y adaptarnos a una amplia variedad de entornos, pero también ha dado lugar a la creación de armas de destrucción masiva y a prácticas ambientales insostenibles que amenazan nuestra propia existencia

Es cierto que la proliferación de armas de destrucción masiva, la insostenibilidad ambiental y la creciente desigualdad social representan amenazas tangibles para nuestra supervivencia. Sin embargo, es en el terreno de lo intangible, en el que la naturaleza humana se ve amenazada por tendencias que parecen despojarnos de nuestra esencia.

Hoy, en la era digital, nos encontramos en un punto de inflexión en el que la humanidad está siendo replanteada y redefinida. Las fronteras entre lo humano y lo artificial se están desdibujando a un ritmo vertiginoso gracias a los avances en inteligencia artificial y robótica. 

INTELIGENCIA ARTIFICIAL COMO PARTE DE NUESTRAS VIDAS

Se espera que, en las próximas décadas, los robots inteligentes y las inteligencias artificiales se conviertan en una parte cada vez más integral de nuestras vidas. Pero, ¿qué implica esto para nuestra humanidad? ¿Podemos coexistir con estas nuevas formas de vida inteligente sin perder lo que nos hace humanos? 

Por otro lado, debemos prestar atención a cómo las luchas por la igualdad y la inclusión se utilizan para cuestionar y desmantelar las estructuras sociales y familiares que han sostenido a la humanidad durante milenios.

El ritmo de cambio en nuestra sociedad está acelerándose, lo que plantea nuevas preguntas sobre la estabilidad y sostenibilidad de nuestras estructuras sociales. El aumento en la aceptación de las comunidades LGTBIQ y el crecimiento de un feminismo radical, aunque para muchos son signos positivos de una sociedad más inclusiva y justa, también plantean desafíos a las estructuras tradicionales que han sostenido la sociedad humana durante milenios.

La caída de la tasa de natalidad y los cambios en las estructuras familiares, aunque son reflejo de nuestra creciente autonomía y capacidad para controlar nuestras propias vidas, también pueden ser vistas como signos de una transformación profunda en lo que significa ser humano.

Si estas tendencias continúan, podemos imaginar un futuro en el que las máquinas inteligentes se hacen cada vez más prominentes en nuestras vidas, y la humanidad como la conocemos pasa a ser un mero recuerdo, un eslabón perdido en la evolución de la vida en la Tierra.

Es crucial entender que la diversidad y la pluralidad son esenciales para la supervivencia y la evolución de la especie humana. Sin embargo, si los avances en estos ámbitos se utilizan para minar y desvalorizar la maternidad, la paternidad y la familia, podríamos estar arriesgando nuestra supervivencia a largo plazo.

Creadores de nuestra propia historia.

La destrucción de lo humano no tiene que ser un destino inevitable, ni mucho menos deberíamos encerrarnos en un fatalismo futurista. No debemos olvidar que somos los creadores de nuestra propia historia.

Si bien es cierto que la tecnología, las ideologías y las políticas pueden desafiar nuestra humanidad, también tienen el potencial de enriquecerla y preservarla. Somos seres inteligentes y la prudencia, cuando se trata de la supervivencia, se impone como un valor universal. El ser humano siempre la recupera y la misma lo lleva a optar siempre por el bien.

La clave está en nuestra capacidad para reflexionar críticamente sobre estas cuestiones, para mantener un diálogo abierto y respetuoso, y para tomar decisiones que estén informadas tanto por nuestra inteligencia como por nuestra empatía y nuestra ética.

En última instancia, la supervivencia de la humanidad depende de nuestra capacidad para equilibrar la innovación con la preservación de lo que nos hace únicamente humanos.

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