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Parábola de los talentos”. Domingo XXXII del tiempo ordinario.

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Evangelio del Domingo Evangelio de Mt 25,14-30:

Profesores del Instituto Bíblico Pastoral Latinoamericano de la FEBIPE-UNIMINUTO explican cada semana el Evangelio del domingo.

El Dr. Yecid Triana, docente del Programa de Ciencias Bíblicas de UNIMINUTO, traza las pistas exegéticas de interpretación del evangelio que nos propone la liturgia de este domingo.

El profesor Ubica el pasaje de la liturgia de hoy en un contexto escatológico (anuncio de los últimos tiempos). A nivel histórico recuerda dos acontecimientos destructivos que la comunidad mateana tuvo que presenciar (destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén en el año 70 d.C.). el profesor hace énfasis diciendo que con los diferentes relatos que se encuentran en los capítulos 24 y 25 de Mateo, el autor quiere invitar a su comunidad a pensar a qué está llamada después de esta devastación: a la responsabilidad, a tomar actitudes de prudencia, de productividad según las capacidades y a extender el amor de Dios.

Con el pasaje de hoy, “parábola de los talentos”, el profesor invita no solo a un cultivo espiritual, sino también al esfuerzo y al riesgo que podemos correr ante situaciones adversas y a multiplicar para bien de otras personas los dones que hemos recibido.

Mt 25,14-30

» Porque es como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo: a cada uno según su capacidad; y se marchó.

El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros cinco. Del mismo modo, el que había recibido dos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno fue, hizo un agujero en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos.

Cuando se presentó el que había recibido los cinco talentos, entregó otros cinco diciendo: «Señor, cinco talentos me entregaste; mira, he ganado otros cinco talentos». Le respondió su amo: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor».

Se presentó también el que había recibido los dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me entregaste; mira, he ganado otros dos talentos». Le respondió su amo: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor».

Cuando llegó por fin el que había recibido un talento, dijo: «Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas, donde no sembraste y recoges, donde no esparciste; por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo». Su amo le respondió: «Siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y que recojo donde no he esparcido; por eso mismo debías haber dado tu dinero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío con los intereses. Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez.»

Porque a todo el que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará. En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas de afuera: allí habrá llanto y rechinar de dientes».