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¿ERES “ÁRBOL” BIEN PLANTADO “PAJA” ARREBATADA POR EL VIENTO?

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MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 15/12/23 (Is 48,17-19; Sal 1; Mt 11,16-19).

Partiendo del Salmo 1 y, en el conjunto de las lecturas, puedes comparar tu vida con un “árbol” o, contrariamente, con una “paja” arrebatada por el viento. Reflexionemos en torno a dichas diferencias:

“PAJA” ARREBATADA POR EL VIENTO:

Eres como “pajilla” llevada por el aire cuando llevas una vida superficial. Cuando te dejas seducir por consejos atrayentes, que te hacen perder y desenfocar. Cuando optas por asientos en espacios donde se habla la última novedad, sólo por estar enterado, interesado en la vida ajena. Cuando participas de reuniones donde se maquinan acontecimientos que manipulan el querer de Dios.

En el pensamiento del profeta Isaías, serías como “hierba seca”, cuando no tomas conciencia que Dios te enseña para tu propio bien. Imagina, como dice la profecía, si tú hubieses hecho caso a los sabios consejos que te han venido recalcando desde la infancia, la adolescencia, la juventud. Cuando desperdicias la formación, se debilitan tus criterios y tus convicciones; la vulnerabilidad te domina, vas y vienes sin mucho fundamento, te conviertes en hierba seca.

“ÁRBOL PLANTADO JUNTO AL RÍO”:

Eres árbol cuando las raíces de tu vida se consolidan en la Palabra, en la Eucaristía, y te esfuerzas por hacer la voluntad de Dios en comunidad. La santidad es el río donde beben las raíces del árbol bien plantado.

Eres árbol cuando vas aprovechando las oportunidades de crecimiento; cuando valoras el tiempo para madurar; de manera que la inversión hecha en ti es fecunda, hasta el punto de testimoniar los frutos, que das a su tiempo.

A partir del evangelio de hoy, eres árbol cuando renuncias a ser parte de una generación perversa; aquella que es indiferente a los signos y señales que manda el Señor. El buen árbol se deja podar cada día. Quita de su tronco todas las ramas que le obstaculizan la visión y la realización del Reino.

Señor: reconozco que en algunos momentos de mi vida he pasado por ser “una simple paja arrastrada por el viento”, sin firmeza ante las exigencias que me haces. Pero estoy aquí. Deseo podar de mi árbol las ramas que ocultan tu rostro y tu presencia. Con las raíces de mi vida plantadas en tu santidad, quiero, Señor, que todo cuanto emprenda a favor de los hermanos y las hermanas tenga buen fin, por hacerlo contigo y para ti.

  1. ¿A qué te comparas, en este momento: con una “pajita arrastrada por el viento” o con “un árbol firme”?
  2. ¿Cómo estás cuidando tu árbol para que sus raíces sean sólidas?
  3. ¿Cuáles vientos intentan arrancarte de donde estás plantado?
  4. ¿Qué agua está alimentando las raíces de tu vida?
  5. ¿Para quiénes son los frutos de tu árbol?