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¡Eto´ ta´ feo!

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No hay na­da más feo que algo feo. Yo no sé si en esa categoría entras tú y tam­bién yo. Lo irrefutable es, que, ante ciertos espectá­culos de fealdad, uno se queda desconcertado y no sabe en qué jurunera es­conderse.

Se me ocurrió hacer un concurso de gente fea, pe­ro noté que es un tema muy quemado. Además, no sirve, porque nadie es culpable de la desgracia de ser feo o de la supues­ta fortuna de ser bonito. No me canso de ver cada día rostros nuevos que pa­recen haber sido inventa­dos en un taller de cosmé­tica, donde la mayoría de la gente está dispuesta a malgastar dinero y esfuer­zo, creyendo que con un poco de botox por aquí y una liposucción por allá, pueden cambiar su ima­gen y contextura y enga­ñarse a sí mismos y a los demás.

El título de este artícu­lo me lo inspiró una per­sona de un barrio, donde la fealdad hiede a Du­quesa. Naturalmente, él se refería a la fealdad del momento presente a ni­vel mundial, político, na­cional, moral y económi­co. Porque en realidad, lo feo y lo bonito muchas veces hasta se abrazan y bailan pegao´ y lo que uno considera bonito puede ser lo más horro­roso del mundo. Como dice el refrán “la suer­te de la fea, la bonita la desea”, porque se da el caso de que mucha gen­te próspera bajo algunos aspectos y no están ador­nadas de grandes virtu­des estéticas, sino por el contrario, parecen es­pantapájaros.

La fealdad más grande que existe es la que se re­fiere a un desastre de la personalidad en el orden de los valores, añadien­do fracaso a fracaso, so­bre todo en lo personal y haciendo que los pasos que vamos dando con­duzcan hacia el precipi­cio.

La vida no es una aventura en la que uno puede lanzar un dado, apostando “a lo que co­ja mi bon”, sea bueno o sea malo. Ser feo es ol­vidarse del cultivo de las virtudes y asumir como bueno, válido y norma de vida, las conductas vi­ciosas y alejadas de los ideales.

Esa experiencia negati­va parece ser la norma de conducta de quienes tie­nen la cabeza solamen­te de adorno y no buscan dejar un mundo más her­moso.

Artículo publicado en su columna del Listín Diario.

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