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Dos cartas al cielo

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El 1 de enero la Iglesia Universal celebra la fiesta de Santa María madre de Dios y sirvió de inspiración para que le dirigiera estas palabras:

Queridísima Virgen María:

Madre nuestra, hoy que celebramos tu gran fiesta de ser también Madre de Dios, te confieso que me duele el alma no poder visitarte al templo  donde tienes rincones especiales desde mi tierra, mejor dicho también tuya, la República Dominicana.

Me refiero a la advocación de la Altagracia desde la cual te escogimos protectora y que pronto, el 21 celebraremos dicha fiesta.

Te repito, quise ir hoy día 1 de enero  a tu  Basílica de Higüey o a tu Santuario de la Altagracia en la zona colonial de Santo Domingo pero lamentablemente a ninguna de las dos, ni a ningún otro templo pude visitarte ni recibir a Hijo en su Cuerpo y en Sangre (Eucaristía) por las medidas tomadas desde el gobierno central a modo de prevenir el creciente contagio del coronavirus.

 Te cuento que me entristece sobremanera porque creo firmemente que sólo Dios puede parar esta pandemia ante El clamor de sus hijos y tu intercesión, por eso desde dónde estoy he hecho el cenáculo por esta intención de que permitan al pueblo de Dios con las medidas protocolares que muy bien los sacerdotes han implementado que volvamos al templo a implorar de rodillas misericordia al Padre eterno.

Sabes bien que te quiero y descanso mucho en ti, tu hija,

Leonor María.


Aprovecho la ocasión para incluir en este espacio una emotiva carta de un sacerdote a los Reyes Magos que me llegó a través de la agencia católica Aciprensa y por la proximidad de la fiesta de la epifanía se las comparto a continuación:

Queridos Reyes Magos, hoy les escribo pero no para pedirles, como les hacía antes, una larga lista de cosas. Y es que con el paso del tiempo me he dado cuenta que durante estas fiestas yo pensaba, cuando era niño, que el importante, el único que debía recibir regalos, era yo.

Pero ahora, sé que el importante, el centro de la celebración, por quien ustedes recorrieron tanta distancia siguiendo su luz, es Jesucristo”.

El P. Aguilar recordó a los Reyes Magos que fue a Jesús a quien “le dieron oro para reconocerlo como Rey, incienso para reconocerlo como Dios. Pero también para anunciar que moriría por salvar a la humanidad le ofrecieron mirra, algo que servía para embalsamar a los muertos”.

“De esa manera, ese niño bendito era adorado por ustedes porque, en lugar de pedir, Él se entregaría por nosotros como el mejor regalo que podemos recibir. Me da pena tener que reconocer que, cuando era niño, en lugar de pensar en cómo podía ser mejor en casa, en la escuela, con mis seres queridos o con los cercanos a mí, al hacer la lista solo pensaba en mis deseos y hasta caprichos”, lamentó.

El sacerdote añadió que “los años me han enseñado también que los regalos no se piden, solo se agradecen, porque cuando alguien nos regala algo es porque surge de su corazón y de acuerdo a sus posibilidades”. “Por eso les pido perdón por todas las veces en que fui injusto y grosero o tuve un corazón egoísta al hacer mi lista”.

Pero ahora, sé que el importante, el centro de la celebración, por quien ustedes recorrieron tanta distancia siguiendo su luz, es Jesucristo”. El P. Aguilar recordó a los Reyes Magos que fue a Jesús a quien “le dieron oro para reconocerlo como Rey, incienso para reconocerlo como Dios. Pero también para anunciar que moriría por salvar a la humanidad le ofrecieron mirra, algo que servía para embalsamar a los muertos”.

“De esa manera, ese niño bendito era adorado por ustedes porque, en lugar de pedir, Él se entregaría por nosotros como el mejor regalo que podemos recibir”.

“Me da pena tener que reconocer que, cuando era niño, en lugar de pensar en cómo podía ser mejor en casa, en la escuela, con mis seres queridos o con los cercanos a mí, al hacer la lista solo pensaba en mis deseos y hasta caprichos”, lamentó.

El sacerdote añadió que “los años me han enseñado también que los regalos no se piden, solo se agradecen, porque cuando alguien nos regala algo es porque surge de su corazón y de acuerdo a sus posibilidades”.

“Por eso les pido perdón por todas las veces en que fui injusto y grosero o tuve un corazón egoísta al hacer mi lista”, dijo.

El P. Aguilar aseguró que “si pudiera volver a escribir mis cartas de niño comenzaría diciendo: queridos Reyes Magos, gracias por enseñarnos a seguir la luz que conduce a Cristo, gracias por enseñarnos a adorar con humildad al Hijo de Dios que se hizo hombre por salvarnos”.

“Gracias porque su espíritu sigue presente en el mundo, haciendo que muchos niños, aún los más traviesos reciban algún obsequio, porque ellos son el rostro del Dios al que adoraron”.

“Por eso hoy no les pido nada material, pero sí que pongan en el corazón de cada niño el valor del agradecimiento, para que sepan agradecer, gozar o compartir cualquier cosa, juguete o dulce que reciben el Día de Reyes”, dijo.

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