Mié. Dic 8th, 2021

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Prediquemos el evangelio, invitando a la conversión

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En el capítulo 4,17 el evangelista san Mateo nos dice que Jesús llamó a sus primeros discípulos y que desde entonces comenzó a predicar diciendo que hay que arrepentirse porque el reino de los cielos está cerca. Pero ya el evangelista san Marcos en 6,7-13 nos dice que Jesús envió a los Doce de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos, poder para curar a enfermos, además de predicar la conversión.

Fijémonos que, precisamente ésta sigue siendo la misión de la Iglesia. Para esto fue creada, fundada y es su razón de ser, según la voluntad de su fundador Jesucristo. La Iglesia es la prolongación de su fundador, maestro y Señor. La iglesia existe para evangelizar; no para gobernar a los pueblos. Esta es la única fuerza con la que cuentan los discípulos y seguidores de Cristo: la fuerza del Espíritu Santo.

¿Y por qué es la única fuerza? Pues porque no necesita de otra; con esta le basta y sobra: “Cuando los encarcelen no se preocupen por lo que van a decir, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir, ya que no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu Santo hablará por ustedes con palabras que nadie podrá rebatir”, nos dijo nuestro señor Jesucristo.

La predicación del Evangelio y la conversión no se circunscribe a un lugar y espacio específico, sino que abarca y llega a todos los hombres y mujeres de todos los lugares y tiempos hasta que el Señor vuelva en su gloria. Por eso es por lo que, a partir de la comunidad apostólica hasta el día de hoy, estamos en el tiempo de la Iglesia, en el tiempo de la evangelización; y este tiempo terminará con el regreso glorioso de nuestro Señor.

El mensaje de salvación, de la buena noticia del evangelio tiene y debe de ser predicado, anunciado y proclamado para que todos los hombres y mujeres conozcan a Cristo. El evangelio es sobre todo una persona, la persona de cristo, el Hijo de Dios, nuestro redentor, nuestro salvador.

El apóstol de Jesucristo es un envidado por Él y su Espíritu. Y así actualiza el único mensaje de salvación de Jesucristo ahora, aquí y para todos. El enviado va con los poderes del que lo envía: Cristo curó a muchos enfermos, liberó a muchos poseídos por espíritus inmundos, perdonó pecados, resucitó muertos. Y estos poderes los ejerce en su nombre y en razón de su misión.

Otro elemento importante de esta predicación es el llamado e invitación a la conversión. Este era el tema central de su predicación. Esta conversión no sólo tiene y debe predicarse a los que están alejados de la Iglesia, sino que también tiene y debe de ser predicada a los que estamos dentro de ella.

La Iglesia, que es la comunidad apostólica, siempre ha tenido presente esta dimensión del evangelio y siempre ha enviado a sus misioneros a aquellos lugares y países donde todavía no se ha proclamado el kerigma cristiano. La Iglesia es enviada a evangelizar; es una misionera, enviada a buscar las ovejas que se apartaron del redil, o que nunca pertenecieron a él porque lo desconocieron.

Elegidos para una misión.

Lamentablemente, muchos cristianos han olvidado esta dimensión de su bautismo. Han olvidado que también, en razón de nuestro bautismo, todos hemos sido enviados a anunciar, predicar y proclamar el evangelio de Jesucristo.

Y es que también hemos sido elegidos por el señor para esta misión: el apóstol Pablo, en la carta a los Efesios 1,3-14, nos dice que “Dios nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.

Nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos…” Dios-Padre, en su Hijo Jesucristo nos ha mirado con especial predilección. Por esto es por lo que el objetivo de nuestra vida es la de “ser santos”: sean santos, como su Padre celestial es santo; y también, “somo el pueblo santo de Dios”.  Pero para lograr esta santidad, debemos esforzarnos en pensar y actuar según la voluntad del Señor: “ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”.

La santidad no es para unos pocos, para un grupito de privilegiados. No. ¡Es para todos! Porque todos hemos sido elegidos y llamados por Dios a ser sus hijos.

Tenemos que aprovechar los dones y las gracias que el Señor nos da y hacerlas fructificar en todos los ámbitos de nuestra vida, especialmente en nuestro diario vivir, comenzando por nuestra familia ya que, no todos sus miembros están en el camino de Dios ni escuchan su palabra.

Tenemos que anunciar con fidelidad el mensaje del evangelio de Jesucristo; hacer el bien a todos y aliviar todo sufrimiento; ser transmisores de la paz y la esperanza cristiana a cuantos nos escuchen.

Hoy más que nunca se hace indispensable que el evangelio de Cristo, su mensaje de salvación tiene que seguir siendo predicado. La humanidad está atravesando un evidente declive social y cultural que conlleva a otro declive profundo: el moral, destruyendo así la convivencia social.

Niall Ferguson

El historiador agnóstico Niall Ferguson reconoce que el cristianismo es un baluarte fundamental de la frágil civilización que habitamos; y el activista provida y comunicador canadiense Jonathan Van Moren en una recopilación de conversaciones que tuvo con varios ateos y publicadas en el portal digital Convivium, llegó a esta conclusión: “Si el cristianismo desaparece de la civilización occidental, ésta no sobrevivirá mucho tiempo”.

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