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SAN ANDRÉS: UN SÍ SIN REMIENDOS ANTE LA LLAMADA DE JESÚS.

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EVANGELIO DE HOY: 30/11/21 (Mt 4,18-22).

Hoy celebramos el día de san Andrés, apóstol. El pasaje muestra una escuela de cómo renovar y responder el llamado que Jesús nos hace cada día. Meditemos:

DEJARSE VER POR JESÚS

Contemplando el pasaje de Mateo constatamos que, desde los inicios de su vida pública, Jesús llama a sus discípulos. Dice el texto: “pasando Jesús ante el lago de Galilea…”. Nos detenemos un momento en esta imagen. Intentamos acercarnos a lo que le habitaba a Jesús por dentro, cuando ya había soñado la comunidad de los suyos y caminaba… El relato agrega que Él “vio a dos hermanos” (Pedro y Andrés). Es hermoso; Jesús les descubre en su ambiente cotidiano, en su trabajo, en familia. ¿Qué les vio?, no sabemos; lo que sí podemos afirmar es que ellos se dejaron ver por Jesús. Fueron transparentes, mostraron lo que eran (pescadores), y lo que poseían (redes). El seguimiento de Jesús comienza con dejarse mirar por Él. Estemos despiertos para dejarnos sorprender por la mirada de Jesús cuando pasa cotidianamente por las orillas de nuestras vidas.

ESCUCHARLE

No es suficiente con dejarse mirar ni con mirarle. Hay que saber escucharlo: “Vengan y síganme, y les haré pescadores de hombres”. Impresiona la llamada a estar con Él; Jesús es escuela de transformación. En Él los pescadores de peces se convierten en “pescadores de hombres y de mujeres”; les hace despertar, trae la novedad de Dios. Les provoca sed de infinito. Si con redes caseras se atrapaban peces, con qué se atraerán los hijos y las hijas de Dios… Es una propuesta irresistible para todo hombre y toda mujer abierto a la voz del Espíritu.

RESPONDERLE

Los discípulos no respondieron con palabras, sino con hechos: “inmediatamente dejaron las redes y le siguieron”. El seguimiento es provocado por una invitación a elevar el horizonte del alma, a despegarse de aquello transitorio y caduco. Lo mismo hicieron los otros dos hermanos convocados por Él: Santiago y Juan, que estaban “repasando las redes”, o sea haciéndoles remiendos. ¿Cuántas horas habrían pasado remendando lo viejo? Lo ignoramos, pero sí sabemos que no entretuvieron el sí. Ellos evidencian que no sólo cosas materiales quedan detrás con la llamada, sino lazos afectivos retenedores, pues con las redes también quedó su padre Zebedeo.

SEGUIRLE

En ningún momento se dice a dónde van, a qué lugar le siguen. Jesús no lo señala, ellos tampoco preguntan. Jesús mismo, su causa, su misión es la morada que se le ofrece en la fuerza del Espíritu. De esto nos ejemplifica muy bien Andrés, quien convoca a otras personas a vivir la experiencia que él ha vivido; y cuando invita dirige directamente a la persona de Jesús. Donde está el maestro, allí están los discípulos. Él es el templo vivo e itinerante. Aquel que no tiene dónde reclinar la cabeza.

Señor: pasa por nuestras orillas las veces que sean necesarias. No queremos seguir remendando “redes” viejas. Ayúdanos a acoger la novedad que nos trae, danos un corazón honesto y humilde. Conquista nuestro corazón con una mirada tuya. Queremos embriagarnos de amor por ti, para seguirte y serte fiel. Deseamos ir a donde tú nos conduzcas. Danos la alegría de seguir tus huellas, Señor, porque el corazón apostólico no está hecho para pequeñeces.

  1. ¿Dónde y cómo siento la mirada del Señor?
  2. ¿Cuál es la dignidad de mi sí a su llamada?
  3. ¿Cuáles son los “remiendos” que la novedad de Jesús me pide dejar?