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“LO QUE HAN RECIBIDO GRATIS, DENLO GRATIS”: SÓLO SE DA, DE JESÚS, AQUELLO RECIBIDO.

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EVANGELIO DE HOY: 7/7/22 (Mt 10,7-15).

Hoy contemplamos el sentido y fundamento de la misión cristiana: “Vayan y proclamen que el Reino de los Cielos está cerca”. De la misma manera en que la Santísima Trinidad ha salido de sí a las misiones divinas, se nos llama a todos los bautizados a vivir en una actitud de salida de uno mismo para colaborar ardientemente con la instauración del Reino de Dios.

Dicha proclamación exige una nota particular, en la cual basamos la meditación: “Lo que han recibido gratis, denlo gratis”. Según el pasaje, ¿qué hemos recibido para dar?, porque no se puede llevar lo que no se tiene consigo.

Se espera de un misionero o misionera que haya recibido, en su experiencia con Jesús, la sanación y liberación integral de su persona. Porque en la intimidad con Jesús, en ese “estar con Él” se desaparece toda lepra, y salen corriendo todos los malos espíritus que acechan para gobernarnos. ¿Con qué se le paga al Señor el bien recibido? Ha sido gratis. Sólo se le corresponde haciendo con otros lo que con nosotros han hecho: llevarnos al país de la vida.

Estando con Jesús uno recibe la verdadera riqueza, haciéndose pobre, desprendiéndose de aquello que no es necesario, que sobra, que es superficial. Sin la luz que baja del cielo y despierta nuestras pupilas no se hace semejante negocio. Se ha recibido la sencillez de vida para proclamar sin “oro” ni “plata”, sin “alforja” ni “túnica de repuesto”… o sea, con la prudencia necesaria que impida la distracción o dispersión de aquello que es esencial.  

Hemos recibido gratis la paz de Cristo, su persona misma. Estando con Él no hay temor y reina la confianza. Se espera de cada misionero un camino espiritual labrado, por dentro (en su interioridad), y por fuera (en su despojo y actitudes). Cristo es el máximo don recibido.

Se reciben gratis las cosas del Reino, pero no son baratas. La conciencia de haber recibido nos hace considerar que las cosas de Dios no son propiedad privada, nos empujan a la negación de sí, a abrir las manos, a sembrar generosamente. El hecho de que recibamos gratis no quiere decir que todos estén dispuestos a hacer lo mismo; para esto el Señor también nos orienta: “Si alguno no les recibe o no les escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacudan el polvo de los pies”.

Señor: aquí estamos, con la vida endeudada por tu misericordia. Hemos recibido de ti la vida, te hemos recibido a ti. Te has dado sin medida, a chorro abierto. No te economizas. Nos sueñas cántaros abiertos para llevar agua de vida a todas las personas sedientas. Danos la gracia de dejarnos curar por ti, de que nos limpies de toda lepra. No queremos ser piedra de tropiezo en la santa misión. Deseamos sacudir el polvo de nuestros pies, no sólo cuando nos rechacen, sino cuando éste se nos pegue a nosotros mismos, empañando tu presencia en nuestras vidas.

  1. ¿Cómo guardar memoria de lo que he recibido para ser generoso con lo que voy dando?
  2. ¿Alguna vez me he sorprendido economizando la entrega en la misión?
  3.  ¿Cuándo fue la última vez que me detuve para sacudir el polvo de los pies?