Dom. May 26th, 2024

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Feminicidios y desarrollo

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Más de cinco feminicidios en una semana. Y lo peor es que ya no hay tanta indignación y expresiones de repudio en las redes. Los feminicidios pasan sin pena ni gloria.

No generan el furor colectivo frente a las excentricidades y delitos de los urbanos o la sed de justicia que produce la corrupción.

Familias enteras asesinadas por la violencia de machos que entendían que era mejor morir a dejar el objeto de su propiedad. Y la sociedad ya ni se inmuta ante la abominación de la violencia que sufre una de cada tres mujeres. Lo peor es que con una mujer que muere por violencia también se estrangula el desarrollo familiar y social.

Cada mujer cuando forma una familia o tiene una relación con un hombre tiene proyectos y sueños que quiere realizar desde esa perspectiva de vida en pareja. Pero también se plantea metas en el ámbito personal y profesional. La violencia contra la mujer termina con todos esos sueños y aspiraciones.

Perder vidas de mujeres y el potencial del sexo femenino por culpa de la violencia es un retroceso; ninguna sociedad civilizada puede permitirse.

Las mujeres son el motor del desarrollo y del crecimiento espiritual de la sociedad. Las mujeres son el sostén de las familias. Si las mujeres están mal, las familias están mal y la sociedad también.

Para ser ejes del desarrollo, las mujeres tienen que vivir libres de violencia. Para ello hay que invertir en la protección de la mujer desde su protagonismo. Hay que dar poder a la mujer.

Las inversiones en desarrollo que están centradas en el empoderamiento de la mujer producen resultados más rápidos e integrales. Niños y niñas educadas, sanas y protegidas y familias funcionales.

Para promover el bienestar social centrado en mujeres es necesario brindar atención y el cuidado infantil en familias en situación de pobreza como forma de promover derechos e incorporación de la mujer al mercado laboral.

El círculo de la violencia atrapa, sobre todo, a las mujeres que tienen menos posibilidades de romperlo. Hay que combatir la violencia con desarrollo como nuevo nombre de la paz, como decía Juan Pablo II.