Dom. May 26th, 2024

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PERDER EL CONTROL

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El autocontrol se entiende como la capacidad de gestionar emociones que resultan provocadoras y en ocasiones en las que, la defensa de la vida está en juego; y es por eso que, la capacidad de regular los impulsos de manera voluntaria y adoptiva, permiten el objetivo de alcanzar un mayor equilibrio personal relacional.

El autocontrol emocional se define como la capacidad consciente de regular los impulsos de manera voluntaria, para poder lograr el equilibrio. Las personas que no tienen la capacidad de autocontrolarse están siendo gobernadas por emociones que gobiernan su comportamiento. Además, cuando están inmersos en alguna emoción, no son capaces de pensar con claridad.

Las personas sin autocontrol actúan de forma impulsiva, quedan impedidos de discernir o reflexionar, previo a reaccionar: no dominan sus actos, ya que siempre están a la defensiva. Les resulta difícil mantener el equilibrio cuando reciben comentarios adversos e inmediatamente se muestran impacientes.

Esa fragilidad, a muchos individuos le conduce a la ira. Es un comportamiento que podemos ver en las adicciones a las drogas, la ludopatía, cleptomanía y tricolitomanía (arrancarse el pelo).

De la forma en que llevamos la vida actualmente, el dominio propio es fundamental para evitar penosas situaciones que nos marcan para siempre: es como cruzar el semáforo en rojo, causar un accidente y provocar la muerte de una o varias personas, por obedecer un impulso.

Las emociones de alto desempeño, como lo define el Dr. Luis Merino, “pueden jugar con la mente y afectarnos en situaciones de alta responsabilidad.»

Para poder mantener el control hay que tomar en cuenta pensamientos y sentimientos compulsivos. Es  importante fomentar pensamientos positivos y no dejarse llevar de estímulos externos, tales como un lenguaje no verbal que en ocasiones resulte provocador, cuyas repercusiones resultan frustratorias y  envuelven siempre a la familia, la sociedad, dejando marcado para siempre a aquel que carece de auto-control, con lastres que les tilda como personas con instinto de matar o de maltratar; de manera que vamos a ejercitarnos en la administración del control de nuestras emociones en la familia, en el trabajo y en la relación de pareja.

Lograr esta capacidad es difícil, se adquiere con el tiempo, se va asimilando y poco a poco se toma conciencia de la importancia que tiene no dejarse llevar por la fuerza emocional, de detenernos a tiempo, cuando sentimos el impulso de reaccionar y embestir, sin importar las consecuencias que acarrea la violencia.

Mientras más alterado estemos, aun teniendo la razón, es determinante el dominio de sí mismo, ser amo de nuestro carácter y no esclavo de nuestras equívocas actuaciones.

El dominio de uno mismo nos permite asumir grandes retos que nos elevan por encima de las circunstancias; y en vez de terminar de manera triste y dañina para nosotros y para otros, logramos evitar devastadores impactos que afecten a su persona, y a la sociedad en sentido general.

En el país contamos con estadísticas funestas de agresiones y muertes violentas, por parqueos en los edificios, en Centros Comerciales, en las avenidas y calles, por un simple roce de auto, y cuando se llevan esos casos de conflictos entre vecinos, por ejemplo, a la justicia, ésta lo considera como una riña.

Pidamos al Señor que Su espíritu santo nos dirija, que se adueñe de nuestras emociones y tome el control en nuestras vidas.